Los poetas Fernando Sabido Sánchez, Mariano Rivera Cross, Carlos Guerrero, Domingo Faílde y Dolors Alberola en Jerez de La Frontera (Cádiz), Primavera 2013

viernes, 22 de marzo de 2013

1472.- PEDRO ALONSO-MORGADO TALLAFER


Pedro Alonso-Morgado Tallafer
Pedro Alonso-Morgado Tallafer es un poeta que nació en Sevilla el 22 de diciembre de 1888 y murió en La Palma del Condado (Huelva) el 2 de noviembre de 1962. Fue hijo de Doña Asunción Tallafer y Rañón y de Don Antonio Alonso-Morgado y González, excelente pintor sevillano muerto en plena juventud, lo que no impidió su nombramiento como Académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, el 30 de enero de 1888. Sobrino carnal del ilustre historiador Don José Alonso-Morgado y González, sacerdote sabio y erudito, bibliotecario del Palacio Arzobispal.
Estudió bachillerato en el Colegio de los Padres Escolapios de Sevilla al que se hallaba muy vinculado. Obtuvo la Licenciatura de Derecho en la Universidad Hispalense. En el año 1.915 fue redactor jefe de “El Correo de Andalucía” y, con posterioridad, fue nombrado Académico Correspondiente de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras. Socio y asiduo concurrente del Ateneo, estuvo relacionado estrechamente con el ambiente literario de aquella época. En 1.922 fijó su residencia en La Palma del Condado, donde contrajo matrimonio con Doña Teresa Díaz Romero, con la que tuvo cuatro hijos. Allí simultaneó su cargo de Secretario de aquel Ayuntamiento con el ejercicio de la abogacía.

Su primera obra literaria es el libro “Aleteos” (Primeros Versos) de 1.907. En 1.918 publicó “La Romería del Rocío”, crónica descriptiva de la famosa fiesta. Colabora en los principales periódicos y revistas, sobre todo andaluces. Obtuvo por voto unánime de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras el premio Sánchez Bedoya en los años 1.938 y 1.940 por sus poesías “Romance de la Virgen Jardinera” y “Romance de la Rosa y de La Estrella”. Y también por acuerdo unánime del jurado, le fue concedido en 1.939 el premio Ateneo Cabalgata de los Reyes Magos por su crónica “La Inefable Evidencia” (El Correo de Andalucía de 4 de enero de 1939). En este mismo año publicó una novela corta, titulada “El horizonte en los ojos” (Nº 33 de “La novela del sábado” de Madrid). Presentó su libro “Mástil” para el premio de poesía Ciudad de Sevilla de 1.957 (en el que concursaron noventa y cuatro obras, algunas firmadas por poetas tan reputados como Gerardo Diego, Gloria Fuertes, Jaime Ferrán o Leopoldo de Luís). “Mástil” quedó en cuarto lugar, después de los libros de Rafael Montesinos (premiado), Aquilino Duque y Concha Lagos.
La mayor parte de su obra ha estado inédita o publicada sólo en periódicos y revistas hasta el año 2001 en que se publicó su antología poética, y ello contrariando los deseos de algunos de los más grandes escritores de su generación, quienes la admiraban e incluso trataron de convencer al autor para que la publicase.



Críticas y opiniones

Juan Ramón Jiménez, en una de las primeras cartas que le dirige dice:

“Si tiene usted mucho como esos tres sonetos de Semana Santa que leí en un periódico de Huelva, yo le aseguro que entrará con paso firme por la senda de la luz. No me refiero a la “popularidad” soy -como todos saben- enemigo de ella, y lo seré mientras viva. Es la otra gloria, la secreta, la de los comprensivos, la que le deseo. Yo quiero, amigo mío, que publique usted un primer libro muy bello. ¿Y por qué no en verso y prosa? El mismo Mallarmé, como sabe usted lo hizo así. Un libro bello y bien editado, desde luego! Sencillo y serio. ¡Se ve cada cosa! Dentro del carácter del libro castellano pueden hacerse ediciones preciosas.”

Juan Ramón Jiménez, (“Cartas de Juan Ramón” de editorial Aguilar, 1.962 y “JUAN RAMÓN JIMENEZ. EPISTOLARIO I. 1898-1916” Publicaciones de la Residencia de Estudiantes, 2006).

En otra carta, el Premio Nobel de literatura escribe:

“Sólo quiero darle, desde ahora, las más cariñosas gracias por cuanto con motivo de su libro en proyecto, me dice. Si usted quiere lo recomendaré a mi impresor, y, pues tiene usted ese gusto, le cederé del papel y cubiertas que yo uso –y que fabrican para mí- lo que usted necesite. Me parece bien su serenidad tan opuesta a… ¡otras cosas de otros! No olvide nunca a André Chénier, que fue guillotinado sin haber publicado más que cinco o seis composiciones; ni a nuestro muy amado Bécquer -puesto hoy en ridículo- que tampoco vio sus obras en un libro. De mí –y hablo para justificarme- sé decirle que tengo 23 libros inéditos”.

Juan Ramón Jiménez, (“Cartas de Juan Ramón” de editorial Aguilar, 1.962 y “JUAN RAMÓN JIMENEZ. EPISTOLARIO I. 1898-1916” Publicaciones de la Residencia de Estudiantes, 2006).

El inolvidable José María Izquierdo hace un cálido elogio de su obra, manifestando también su esperanza en que algún día se publique:

“(…) los sonetos de este poeta inédito viven y vibran en el alma de sus amigos, sin haber llegado a formar un libro… ¿lo formarán alguna vez? Así lo deseamos cuantos conocemos el ritmo clásico de sus versos, y anhelamos que ese ritmo se dilate y perpetúe. (…) tal vez no esté muy lejano el día en que sienta la necesidad de coleccionar y publicar las rimas de sus plásticas visiones. Pero ¿llegará a sentirla? Este poeta es la modestia personificada; es un poeta sin quererlo; un poeta que tiene un altísimo concepto de la poesía, y…acaso tema que lo artístico no case bien con lo editorial. (…) Es el arte toda su ilusión, la ilusión de sus ilusiones y, es por ahora su único ideal”.

José María Izquierdo, “Divagando por la Ciudad de la Gracia”.
Edición 1.914, pág. 278 y ss

Rafael Laffón lo trata de convencer con estas palabras:

“Tienes una innata elegancia de pluma que hace imperdonable tu habitual silencio de publicista ¿cuándo das, por fin, un libro? Creo sinceramente que el “tono” de tu personalidad lírica es, por ahora, único entre los actuales de por aquí. Por eso no debes perderte”.

Rafael Laffón, Carta inédita fechada el 3 de agosto de 1946.
Extracto del prólogo de “Antología Poética Pedro Alonso-Morgado” 2.001.

Obras publicadas (propias y de referencia)

A pesar de estas cariñosas indicaciones y de los elogios que a su obra hacen otros importantes autores de de la época (Luis, José(4) y Santiago(5) Montoto, Manuel Siurot, Felipe Cortines Murube…), Pedro A. Morgado no publica en vida, aunque poco antes de morir, agrupó su poesía en los libros que fueron editados por la Familia de Pedro Alonso-Morgado y el Iltmo. Ayuntamiento de La Palma del Condado el 16 de abril de 2001, bajo el título “Antología Poética Pedro Alonso-Morgado”.
De manera casi simultánea (26 de abril de 2001) fue también publicada por el Distrito del Casco Antiguo del Excmo. Ayuntamiento de Sevilla su obra “Sevilla en el alma”.
En el “DICCIONARIO DE ATENEÍSTAS”, tomo I (Ateneo de Sevilla, 2002) se publicó una completa semblanza (Págs.36 y 37) del mencionado autor, escrita por Don Enrique Barrero Rodríguez.
Su obra “La Romería del Rocío” se reeditó en edición facsímil por el Excmo. Ateneo de Sevilla con fecha 13 de junio de 2005.
Otra publicación destacable en lo que a Alonso-Morgado se refiere es el libro “EL SEMANARIO LA PALMA (1908-1910), EN LA ÓRBITA DE JUAN RAMÓN JIMÉNEZ” de Manuel Ramírez Cepeda (“Colección Calle de la Cal Nueva”, Fundación Juan Ramón Jiménez y Junta de Andalucía, 2006).
Estas publicaciones son el fruto de un creciente interés por este gran poeta, hasta estos momentos poco conocido, y el germen de una expansión y reconocimiento de su obra, que se imponen como una deuda de justicia histórica.

http://quisquetantillum.blogspot.com.es/2011/11/poetario.html



A la virgen del rocío

   Virgen de la marisma solitaria,
a tus plantas se tiende la llanura
y por ella, magnífica, murmura
la fronda de los pinos su plegaria.

   Reina triunfante: la Naturaleza  
te rinde adoración con su amplio rito;
y el sol -en su rodar- con infinito
trazo de luz te nimba la cabeza.

   Virgen, Reina y Pastora: la guirnalda
perenne de los campos de esmeralda
forma, a tus pies, inmensa canastilla...

   Y te levas magnífica y serena
como deidad espléndida y morena
arrancada del alma de Sevilla.




Fe

   Bálsamo salvador que de la altura
desciende en rayos de fulgor divino;
sol que guía en la senda al peregrino
de aqueste triste valle de amargura.

   Palacio de sublime arquitectura;
lago eternal brillante y cristalino
que besa las riberas del destino
con el beso de luz de su agua pura.

   Sacra unción de los cielos Redentora
ráfaga de virtud. Fe salvadora.
Lazo espiritual que al cielo alcanza:

   En lo largo y estéril del camino
tu brindas al cansado peregrino
con la dulce mansión de la Esperanza.






La patrona de la aldea

   Apenas sale el sol, ya la campana
consagra al pueblo el despuntar del día
y con rápida y loca algarabía
inunda d e sus ecos la mañana.

   Despierta su tañir a la aldeana
que en vagares de dicha sonreía
y el mocetón fornido que dormía
el sueño de la paz tranquila y sana.

   Brilla el sol en la bóveda serena;
en la verde enramada el ave trina  
y allá en la plaza el tamboril resuena.

   Su fúnebre canción el sauce entona
a la par que la fuente cristalina
se desliza incitante y juguetona...




Cofradía

   Hay un ígneo penacho en cada cirio
que se alarga en la atmósfera, y crepita
con un gesto suave de martirio
y de tortura vaga e infinita.

   Los cofrades avanzan lentamente
y los clarines dicen su lamento;
de cuando en vez, la copla penitente
-igual que una saeta- rasga el viento.

   Hay como un retroceso milenario;
y al escena sublime del Calvario,
por un momento, cubre nuestros ojos.

   ...Después solo el azul. Y de los cielos
-cual fuente de benéficos consuelos-
baja una nube de matices rojos.






EL VALLE DE LA VIRGEN

Valle apacible... Blanco alcor
que besa el rubio sol naciente...
Eucaliptal, al sur: Temblor
alto, de fronda bienoliente...
Rojizo andévalo, al poniente...
Y, al norte, en brumas de verdor
-vago, azulenco y esplendente-,
alza la sierra su fragor.
Tiende su alfombra la campiña,
así, abrazada por alcores,
-gris de olivar, verdor de viña-...
¡Que con guirnaldas de favores,
Virgen del Valle, al pueblo ciña
tu abrazo místico de amores!.




SONETO AL SILENCIO  

Luna llena. La calle silenciosa 
de la vieja ciudad tiene un encanto
divino de misterio. Viernes Santo. 
Media la noche augusta y milagrosa.  
Una paz inefable, deleitosa, 
llena las almas. Lejos, vibra el canto 
de una saeta que parece un llanto... 
Surge una blanca estela luminosa
en la calle dormida. Lentamente, 
impalpable, severo, penitente,
deslízase el cortejo funerario...  
Luz y arrepentimiento son sus huellas 
¡Cual escala luminosa de estrellas 
que nos marca la ruta del Calvario!
http://cofrades.pasionensevilla.tv/profiles/blogs/soneto-al-silencio-pedro

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