Los poetas Fernando Sabido Sánchez, Mariano Rivera Cross, Carlos Guerrero, Domingo Faílde y Dolors Alberola en Jerez de La Frontera (Cádiz), Primavera 2013

lunes, 9 de junio de 2014

FRANCISCO DE LEYVA RAMÍREZ DE ARELLANO [2.031]




FRANCISCO DE LEYVA RAMÍREZ DE ARELLANO 

Notable y digno de estima entre nuestros poetas dramáticos de segundo orden. Floreció en el segundo tercio del siglo XVII. 

Consta que nació en Málaga, por el epígrafe de una de sus comedias; en aquella ciudad residía por abril do 1673, fecha que lleva otra de sus producciones dramáticas, que autógrafa se guarda en la biblioteca del señor duque de Osuna.

Con el nombre de don Carlos de Arellano se imprimió en su tiempo el apreciable drama titulado: El socorro de los mantos. Inclínanse los críticos a adjudicarle esta pieza; si, en efecto, es suya, el disfraz que usó puede hasta cierto punto indicarnos su deseo de vivir oscurecido, y explicar la escasez de noticias de su vida y relaciones literarias.

No hay contra un Padre razón. Manuscrito autógrafo, firmado en Málaga a 13 de abril de 1673, y con licencias dadas en Burgos, 1683, y Madrid, 1685. Biblioteca del señor duque de Osuna. El Negro del cuerpo blanco, o el esclavo de su honra. Manuscrito: en la misma Biblioteca.

Cuando no se aguarda. (Comedias de los mejores y más insignes ingenios de España. -Colonia, 1697.)
(?) El socorro de los mantos. (P. 31.)143
Cuando no se aguarda, y Príncipe tonto.
No hay contra lealtad cautelas.
Amadis y Niquea. (P. 40.)
Cueva y castillo de amor.
Nuestra Señora de la Victoria y restauración de Málaga.
La infeliz Aurora y fineza acreditada. (P. 43.)
Comedias sueltas:
La Dama presidente.
Los Hijos del dolor y Albania tiranizada.
El honor es lo primero.
La mayor constancia de Mucio Scévola.
No hay contra un Padre razón.
El Negro de cuerpo blanco y esclavo do su honra. Se ha impreso anónima.
(?) Marco Antonio y Cleopatra. Esta comedia se hallaba ya impresa antes de 1682, puesto que la cita don Juan de Vera Tassis entre las que falsamente corrían atribuidas a Calderón.
Entremés: Los Poetas. Índice del señor Fernández-Guerra.






































GONZALO ENRÍQUEZ DE ARANA Y PUERTO [2.030]




GONZALO ENRÍQUEZ DE ARANA Y PUERTO  

Caballero ilustre, natural de Montilla, Córdoba (1661-1738); floreció a fines del siglo XVII y principios del siguiente. Escribió poesías líricas, y, entre ellas, en su Colección autógrafa e inédita, que formando un tomo de mas de 600 páginas y titulada: El Cisne andaluz, posee el señor Gayangos, se hallan tres composiciones dramáticas.

El Cisne andaluz, colección de poesías del expresado. Manuscrito autógrafo, en la biblioteca del señor don Pascual Gayangos.

Contiene:

El siempre heroico Español, trágico fin de su madre. Comedia en tres jornadas.
El perdido mejorado, loa en celebración de los años del excelentísimo señor don Manuel Fernández de Córdoba y la Cerda, marqués de Montalbán.
Sainete cantado entre dos coros, en recibimiento de la soberana imagen de Jesús, el día de su traslación a su capilla.



Gonzalo Enríquez de Arana (1661-1738) y
su obra teatral en el barroco tardío

Por Antonio Cruz Casado
I. B. «Marqués de Comares» (Lucena)

(Extractos)



«A la gloriosa muerte del Excelentísimo Señor Duque
de Béjar en el sitio de Buda»

Repara en este mármol, caminante,
donde en llanto está el gozo convertido,
en negras sombras lo que luz ha sido,
lo grande en nada, en polvo lo arrogante.
Aquel que ayer se vio Scipión triunfante
a un empellón del hado hoy ha caído;
este sepulcro es hoy sobrado nido
a quien un mundo ayer no fue bastante.
De Béjar al gran duque compasiva
la piedra abraza, que aun la piedra gime
lo que aun pechos de mármol tristes sienten.
Si su muerte a los ojos siempre es viva,
más vivo siempre su vivir se imprime
en ánimos que muerto le desmienten.


La comedia, que al contrario que la de Bances, que puede considerarse una fiesta palaciega y de aparato, presenta una gran desnudez de medios escenográficos, tiene un sentido moral y religioso muy encomiástico para el duque, al que se presenta como un paladín de Cristo en la lucha contra los turcos que se han hecho fuertes en la ciudad de Buda. Así lo expresa el personaje desde el principio de la obra, en su conversación con García, el gracioso:



Por la fe voy a reñir,
y el que a Cristo ha de buscar
todo lo ha de abandonar,
si es que le quiere seguir (vv. 177-80)



y más tarde, en el largo parlamento histórico-genealógico de su estirpe, indica que, aunque está casado, tiene dos hijos y es un hombre feliz, el sentido de cruzada contra el infiel le ha movido a entrar en combate:


Es mi nombre don Manuel
Diego López, mi apellido
es De Zúñiga, solar
que en España siempre ha sido
tan valiente como ilustre (vv. 778-82)

[...]

Mas viendo que de esta unión
me hallaba ya con dos hijos,
y que a mi casa con ellos
la quedaba algún arrimo,
la ociosidad despreciando,
maestra infame del vicio,
sin detenerme a la guerra
ansiosamente camino.
Mas no pudiendo sufrir
los ardientes incentivos
de batallar por la fe,
que me abrasaban activos,
lucho, batallo, peleo (vv. 890-902)


La misma idea mantiene en el momento de su muerte:


Yo cuando vine a la guerra
fue a morir por Cristo, es llano,
y que también yo dejé
por seguirle mis estados (vv. 2563-66)


argumentación que aparece también en algún otro personaje, como el emperador Leopoldo, al justificar la acción militar, indicando al respecto:


Haced, mi Dios, que el bárbaro otomano
confiese vuestro nombre soberano
en su ruina, y que vea
que es vuestro gran poder el que pelea
en favor del católico rebaño,
que da su sangre con aliento extraño
por vos y por la fe, y aun por sí mismo,
prolongando bizarro el cristianismo (vv. 243-45)


La misma madre del duque, en su delicada oración a la Virgen, hace referencia a la cuestión:


Mis hijos, señora,
en cruda batalla
por Cristo y su iglesia
su sangre derraman, (vv. 3075-78)


y en la relación final de García se insiste en este aspecto:


Quedó de muerte herido, el que fue muerte
en poco tiempo del traidor pagano,
y en los tres días que vivió por suerte
se dispuso con actos de cristiano,
para probar en paz del trance fuerte
el rigor de su tósigo inhumano (vv. 3557-62)



Pero no sólo la obra desarrolla la muerte y la figura del Duque de Béjar, el cual luego legaría su corazón, en un rasgo que podríamos calificar como romántico religioso, al santuario de la Virgen de Guadalupe, a donde fue traído, sino que también se ocupa, como indica la segunda parte del título, trágico fin de su madre, de la madre y también de la esposa del héroe. Se trata de dos figuras femeninas delicadas, candorosas, gráciles, como corresponde a la relación familiar que sustentan con el protagonista, cuyo fin causa de rechazo la muerte de la madre, D". Teresa Sarmiento. El desvelo de la duquesa madre es constante a lo largo de la obra, ya expresando su angustia y su inquietud ante la falta de noticias:


Mares, si ya me escucháis,
ríos, si mi mal oís,
aguas, si al cielo subís,
rocíos, si del bajáis,
¿cómo tan duros estáis
[b] a los suspiros que os doy
y no atendéis que os estoy
pidiendo, en blanda porfía,
una porción de agua fría,
pues toda un incendio soy? (vv. 1371-80)


o ya rezando ante la Virgen María en uno de los fragmentos más sentimentales conseguidos de la obra:


Sed dulce paloma
que en la verde rama
de la oliva enlaces
la paz soberana,
trayendo con ella
consuelo a mis ansias,
como otra que fue
alegría del arca.
Sed iris piadoso,
que en tanto borrasca
alivios influya
y nieblas deshaga.
Sed dulce Favonio,
que a soplos del aura
mitiga el incendio
que fiero me inflama.
Mirad que me abraso
en trémulas llamas,
regadme este pecho
por ver si descansa.
¡Ay de mí!, que he quedado
cual flor delicada,
que el sol si la enciende,
la quema la escarcha, (vv. 3051-74)


También la esposa, un tanto relegada al cuidado de sus dos hijos pequeños, aunque esto se diga de forma explícita en la comedia, expresa convincentemente su dolor por la muerte del marido:


Mujeres, las que me veis
bañada en deshecho yelo,
¿cómo, por no dar consuelo,
llorar mi mal no queréis?
Vosotras, las que sabéis
sentir en blandos raudales
los halagos maritales,
que en polvo se han convertido,
si mi arrullo habéis oído,
¿cómo no lloráis mis males? (vv. 3439-48)


En cuanto al lenguaje que se emplea en la obra, hay que señalar que se trata de una expresión cuidada, bastante elaborada en algunas ocasiones, con notable vigor en algunas escenas, como ocurre en la muerte del duque, que se lamenta en los siguientes términos:


Aquí concluyó mi aliento,
¡ay de mí! ¡Quién con las manos
pudiera romperse el pecho
para sacarse a pedazos
esta víbora de plomo
que disfrazada en un rayo,
batido en la fragua infame
del abrasador Vulcano,
se enrosca en él, escupiendo
de su veneno lo amargo,
a cuya ponzoña, ¡ay triste!,
la vida me va faltando! (vv. 2426-37)


Se documentan además algunos restos de cultismos, en la línea de los seguidores de Góngora, detalle que se le ha achacado al autor con claro sentido peyorativo, pero que no es superior, sin duda, al de Bances o al de otros seguidores de la fórmula de Calderón. De esta forma, el Duque de Béjar habla con el Duque de Lorena y le recuerda sus antepasados:



Bien sabéis, Carlos invicto,
en cuyas arterias laten
de Godofre de Bullón
los desangrados corales,
como ayer, cuando a bostezos
iba el pretensor de Dafne
hurtando luces al día
por entre opacos celajes,
y ocasionando a la noche,
que por rumbos orientales
de obscuras sombras tejiese
sus nocturnos tafetanes (vv. 1828-39)




El mismo carácter alusivo y culto se advierte en el fragmento mencionado anteriormente, referido al plomo que le ha causado la muerte.
En fin, ésta ha sido una somera lectura y aproximación crítica, que creemos primera, de una pieza dramática de cierta enjundia y valor, realizada por un escritor del barroco tardío escasamente conocido, tentado ocasionalmente por el teatro en diversas creaciones que, si no pueden considerarse estrictamente obras de encargo, sí están motivadas por devociones, afinidades o relaciones personales o familiares. Su conocimiento contribuye, sin duda, a completar un panorama teatral en el final del siglo XVII que, salvo en el caso de Bances Candamo, no ha merecido gran atención por parte de la crítica, puesto que todavía parece que nos movemos en esa tierra de nadie de la mal llamada decadencia cultural del período, cuyo sambenito habría que eliminar con el fin de tratar de ver, con la mayor claridad posible, lo que fue la transición entre el postrer barroco y el primer neoclasicismo. Y este escritor andaluz ocupa cronológicamente ese lugar histórico, uno de los peor conocidos de la historia de la cultura española.



sábado, 7 de junio de 2014

MIGUEL CABELLO DE BALBOA [2.029]


Miguel Cabello de Balboa 

(Archidona, Málaga 1535 - Camata 1608) 
Nació en la villa de Archidona de la provincia de Málaga entre los años 1530 y 1535. Sobrino nieto de Vasco Núñez de Balboa (1475 ~ 1517) el primer europeo que certificara - en 1513 - la presencia de un océano al otro lado de Tierra Firme: el Pacífico, llamado por ese entonces "Mar del Sur".

Presbítero, residía en Lima por los años de 1596 a 1604, y allí compuso varias excelentes obras, en verso y prosa, entre ellas, a lo que parece, dos comedias. Nos referimos al Discurso (Epístola en tercetos) en loor de la Poesía, dirigido por una señora principal de dicho reino del Perú a Diego Mejía, traductor de las Epístolas de Ovidio, que residió también allí, e hizo, estampar su traducción en Sevilla, año 1608, con título de Primera parte del Parnaso antártico de obras amatorias. Al frente de este libro se halla, pues, la epístola anónima a que hacemos relación, pieza de notable mérito, y muy interesante por las noticias que contiene de poetas, que a la sazón florecían en aquellos dominios. De Miguel Cabello y de sus escritos habla la poetisa en estos términos:

La Volcanea, horrífica, terrible,
Y el militar Elogio, y la famosa
Miscelánea, que el Inga es apacible;
La entrada de los Mojos milagrosa,
La Comedia del Cuzco y Vasquirana,
Tanto verso elegante y tanta prosa,
Nombre te don, y gloria soberana,
Miguel Cabello, y ésta redundando
Por Hesperia, Archidona queda ufana.



De estas obras, solo una, la Miscelánea antártica, y origen de los indios y de los Incas del Perú, se halla citada por don N. Antonio, con referencia a León Pinelo, que en su Epítome de la Biblioteca oriental y occidental, náutica y geográfica, la señaló existente, manuscrita, en la librería del condeduque de Olivares. Añade don Nicolás que él la había visto entro los libros de don Andrés de Brizuela, abogado matritense.
Comedia de El Cuzco.
Comedia Vasquirana.

Siguió la carrera de las armas, estuvo en las guerras de Francia y los Países Bajos en 1558 bajo las órdenes del Príncipe Filiberto de Saboya y del Conde de Egmont, estuvo del lado vencedor en la batalla de las Gravelinas, donde se destruyó el ejército francés al mando del Mariscal de Thermes.

Llegó a América en 1566, para esos tiempos se ordenaba sacerdote, recibiendo en Quito en el año 1571 las órdenes sagradas. Acompañó a Diego Bazán en la conquista del Chocó, y a su regreso en 1572 fue instituido párroco del pueblo de Fúnes, dependiente de la ciudad de Pasto.

En Santa Fe de Bogotá, conoció al conquistador Gonzalo Jiménez de Quesada que por entonces buscaba afanosamente el mítico Dorado y lo contactó con el fraile franciscano Juan de Orozco, quien le hizo conocer sus escritos sobre los orígenes de los indios. Con ellos trató el origen del los americanos, para Cabello Balboa descendían de los nietos de Noé y del patriarca Ofir (Hijo de Joctán, cuarto hijo de Sem, quien a su vez fue hijo de Noé) todo lo cual, resultaba creíble para entonces dadas las genealogías tribales que trae la Biblia.

A principios de 1573 lo hallamos como vecino en Potosí y en 1577 ya estaba en Quito, donde se convirtió en la persona de mayor confianza del Obispo Fray Pedro de la Peña y del personal de la Real Audiencia, razón por la cual le encomendaron la reducción de los negros y mulatos de la provincia de Esmeraldas por Provisión Real de 8 de julio de ese año. En su estancia en el territorio del Ecuador actual que duró al menos hasta enero de 1581, comenzó a escribir su "Miscelánea Antártica".

Luego pasó por Lima donde el virrey Enríquez le concedió el Curato de San Juan Bautista de Ica.

Participó entre 1582 y 1583 en el Tercer Concilio Limense que presidía el Arzobispo Toribio de Mogrovejo.

En 1593 se trasladó al Alto Perú en donde participó de la expedición a los Chunchos.

En 1604 tomó a su cargo la parroquia de Larecaja (Bolivia), donde permaneció hasta su muerte ocurrida hacia 1608.

Expedición a Esmeraldas

Las noticias que el negro Alonso de Illescas había auxiliado a un náufrago español y que estaba dispuesto a entregarse en paz y dar obediencia al Rey de España, si se los dejaba vivir tranquilos en sus palenques ("rancherías") coincidieron con la estancia de Cabello en Quito. Las autoridades civiles y eclesiásticas le encomendaron la misión de pacificar a Illescas y los suyos. El historiador ecuatoriano Jacinto Jijón y Caamaño (1890 ~ 1950) cuenta: "La empresa por la que tanto se afanaba Cabello Balboa, la de reducir a la cristiandad a los indios y negros de Esmeraldas y la de abrir un nuevo camino entre Quito y la costa del Pacífico parecía asegurada: la Audiencia le encomendó al capitán Andrés Contero, que tenía la Gobernación de las Esmeraldas por título conferido por el Licenciado Castro y a su Teniente General, el capitán Bartolomé Marín, con los que debía partir Cabello Balboa".

La expedición partió de Quito en setiembre de 1577, llegaron a Atacames, donde repoblaron el sitio que había sido abandonado, para que sirviera de avanzada; a sus playas llegó Illescas, con sus hijos y su yerno, el español Gonzalo de Ávila.

Cabello les propuso celebrar los sacramentos - matrimonio, confesión y bautismo -, Illescas los aceptó pero para una etapa posterior, cuando se pueda contar como madrinas a mujeres españolas, quienes podrían enseñar a su gente a llevar una vida urbana. También les entregó las provisiones reales concedidas por las autoridades reales, ellas se da lugar a las aspiraciones del líder negro: El perdón del rey, que suponía el reconocimiento de su libertad, su nombramiento como cacique y gobernador que significaba que las diversas parcialidades controladas por jefes secundarios estaban a su mando. En respuesta Illescas prometió obediencia al rey, y someterse al proceso de reducción -interés fundamental de la Corona- que le preveía un nuevo lugar de asentamiento: la Bahía de San Mateo.

Illescas volvió a su palenque para organizar el traslado, pero no regresó: los indios estaban recelosos de la presencia de los extranjeros e iniciaron una sublevación contra los negros, cuyo líder debía atender. Cabello que nada sabía de los sucesos, fue en su búsqueda encontrando la ranchería desierta y con señales de violencia. Pronto recibe el aviso de un inminente ataque indígena y decide partir a Manta, por tortuosos senderos. Volvió a Quito en condiciones penosas.

De todo lo ocurrido hizo un informe presentado al Corregidor de Trujillo al Corregidor en 1583 que tituló "Verdadera descripción y relación larga de la Provincia y tierra de las Esmeraldas", manuscrito hallado en el Archivo de Indias de Sevilla por el historiador peruano Manuel Porras Barrenechea (1897 ~ 1960).




JUAN DE BARRIONUEVO Y MOYA [2.028]



JUAN DE BARRIONUEVO Y MOYA 

Natural del pueblo de Villanueva de la Reina, jurisdicción de Andújar, Jaén, clérigo y maestro de Gramática. Escribió y publicó, en el segundo tercio del siglo XVII, una Historia novelesca ejemplar de Ambrosio Calisandro, que denominó La Soledad entretenida. Salió esta obra a luz dividida en dos partes; la primera es sumamente rara; suelen hallarse ejemplares de la segunda, impresa en Valencia, año de 1644. Contiene la segunda parte cuatro comedias; va dedicada por el autor a don Alonso de Barrionuevo, jurado de Murcia, su primo hermano, a quien él mismo se confiesa agradecido por la gran merced que hizo a su padre Esteban de Barrionuevo.

Segunda parte de la soledad entretenida, compuesta por Juan de Barrionuevo y Moya, clérigo, natural de Villanueva, jurisdición de la muy noble ciudad de Andújar. Dirigida a don Alonso de Barrionuevo, jurado de la muy noble ciudad de Murcia, y capitán de una de las parochias de ella. (Esc. del M.) Con previlegio. -En Valencia, en casa de los herederos de Chrisóstomo Garriz, por Bernardo Nogués, junto al molino de Rovella, año de 1644; 4.º

Aprobaciones dadas en Ecija, 3 de enero 1638. -Licencia del ordinario, Sevilla 5 de febrero 1638. -Aprobación dada en Madrid, julio 1638. -Suma del privilegio al autor expedido en Madrid 15 julio id. -Tasa, Madrid, 4 agosto id. -Erratas, Madrid 26 julio 1644. -Dedicatoria sin fecha. -Índice de cosas notables.           

No han aparecido documentos que certifiquen su fecha de nacimiento y defunción, aunque parece claro que vivió durante los reinados de Felipe III (1598) y Felipe IV (1621). Era hijo de Esteban de Barrionuevo, labriego del que se tiene constancia de su existencia gracias al testimonio recogido en el proceso que mandó realizar el Cardenal Baltasar de Moscoso y Sandoval en el año 1628, para la beatificación de Santa Potenciana, patrona de Villanueva de la Reina. En dicho testimonio se recoge el siguiente texto[1]:

En el lugar de Villanueva, en el día, mes y año para la información del señor doctor, hizo parecer ante sí a Esteban de Barrionuevo, vecino de este lugar, del cual fue recibido juramento en forma de derecho y habiendo jurado y siendo preguntado, dijo lo siguiente: A la primera pregunta dijo que este testigo ha visto muchas veces, de sesenta años a esta parte, el sepulcro que está en la ermita de los Santos, la cual ermita está cerca del Guadalquivir a un cuarto de este dicho lugar, que este testigo ha visto en todo el tiempo declarado que el prior y clérigos de la iglesia van todos los años a celebrar a la dicha ermita como a la iglesia, y lo propio ha oído este testigo decir que fue en tiempos pasados, y que este testigo ha visto el sepulcro en la ermita todo cubierto de azulejos por encima, como los que traen de Toledo, y que este testigo no sabe leer y ha visto las letras que en él estaban y asimismo el dicho sepulcro estaba de una vara levantado sobre el suelo y que en la ermita antigua que se cayó, se ve muy bien que estaba el dicho sepulcro al lado del evangelio en el altar mayor y en que la ermita de nuevo ahora está al lado de la epístola de dicho altar mayor. 

A las generales dijo ser de setenta y cinco años poco más o menos tiempo y que es vecino natural de este dicho lugar y que también sus padres y abuelos fueron vecinos y naturales de él y que ha sido labrador. A la segunda pregunta dijo que no se halló presente cuando el Cardenal mi Señor, en su presencia, mandó abrir el sepulcro y que así no sabe lo que se halló dentro.

A la tercera pregunta dice que oyó decir a Juan de Barrionuevo, su padre, que si hoy viviera tuviera más de cien años, y a otras muchas personas viejas y ancianas de aquel tiempo que si hoy vivieran tuvieran más de cien años, y era común práctica cuando este testigo era muchacho y mozo entre los viejos de aquel tiempo, que Santa Potenciana, la que está enterrada en dicho sepulcro, fue una mujer santa que vivió en la dicha ermita en los aposentos que están incorporados a ella, que allí tejía, y murió en ellos y que estaba supultada en el dicho sepulcro; y preguntado este testigo si las dichas personas ancianas a quienes oyó lo que tiene referido vieron y conocieron a dicha Potencian, dijo que esas personas ancianas no vivieron ni conocieron a Potenciana de trato y habla, sino lo que decían era por haberlo oído decir así a sus mayores y más ancianos y así lo habían oído ellos decir a sus mayores y lo contaban a este testigo siendo mozo. Repreguntado si sus mayores y más ancianos le dijeron en particular y por oído el nacimiento y patria de la dicha Santa Potenciana, sus virtudes y Santos ejercicios, dijo que sólo oyó decir que Santa Potenciana había sido una mujer santa y que vivió y murió en los aposentos de la ermita, que estaba enterrada en dicho sepulcro y que no oyó otra cosa en particular.

A la cuarta pregunta dijo que hace más de sesenta y dos años este testigo se puede acordar que los vecinos de este lugar han estimado y venerado el sepulcro por entender que en el mismo está enterrado el cuerpo de la dicha santa mujer Potenciana, y que ha visto muchas personas entrar y sacar tierra por la ventana del sepulcro para sanar de las ciciones, y que ha oído que en tiempos de sus padres y abuelos se veneró y estimó dicho sepulcro como lugar donde estaba enterrado el cuerpo de una santa.

A la quinta pregunta dijo que ha visto de más de sesenta años a esta parte que se sabe acordar, muchas personas de este lugar sacar tierra de dicho sepulcro para las ciciones, porque entendían sanar de ellas por intercesión de Santa Potenciana que está enterrada en él, y que oyó decir a sus mayores y más ancianos que en sus tiempos también se sacaba tierra de dicho sepulcro para sanar de dichas enfermedades.

A la sexta pregunta dijo que no se acuerda de haber oído decir que por virtud del santo sepulcro o por intercesión de la santa mujer que está enterrada en él, ahora o en tiempos pasados haya obrado algún milagro más; que oyó decir a don Jerónimo de Tapia, vecino de este lugar, que estando en Martos enfermo de ciciones, le habían llevado tierra del sepulcro y que había tomado de ella, y que no se acuerda de haber oído decir otra cosa.

A la séptima pregunta dijo que ha oído decir y ha visto al prior y clérigos de las iglesias de dicho lugar que van a le ermita muchas veces a hacer fiestas, pero que no sabe si se ha hecho a la dicha santa Potenciana o a los demás santos de su advocación.

En la octava pregunta se le interroga si sabe y ha oído decir a sus mayores inmemorialmente que los señores Obispos visitaron la dicha ermita cada uno en su tiempo, estimando y venerando el dicho sepulcro como lugar piadoso y Santo, y algunos de los dichos señores Obispos han tenido resolución de hacerlo aunque no lo han ejecutado, pero todos y cada uno en sus tiempo leyendo las letras del dicho sepulcro y entendiéndolo la devoción y veneración de los vecinos del dicho lugar, lo han venerado y estimado como lugar donde está enterrada una mujer santa, digan en qué y cómo verdad. En este sentido Esteban de Barrionuevo dijo que no sabe lo contenido en esta pregunta.

A la última pregunta dijo que todo lo que ha dicho es la verdad so cargo del juramento que tiene hecho y que es público y notorio, pública voz y fama de este lugar y no firmó porque dijo que no sabía”,

La familia Barrionuevo, asentada en Jaén desde mediados del siglo XIV y procedente de su solar de Doria, destacó en la milicia y en gente de iglesia[2].  Sus hermanos Andrés y Fernando de Barrionuevo, asentados en Torredonjimeno, murieron en la guerra de Berbería, en el año 1541. Alonso y Matías de Barrionuevo, familiares próximos, fueron respectivamente receptor de la Inquisición de Murcia y Arcediano de Cartagena. Barrionuevo Moya fue clérigo y maestro de gramática en la localidad de Écija, donde pudo morir. En el año 1615 aparece su nombre en la obra “Relación breve de las fiestas que en la ciudad de Córdoba se celebraron a la beatificación de la gloriosa patriarca Santa Teresa de Jesús, fundadora de la reformación de Descalzos y Descalzas Carmelitas”[3].

De los ocho certámenes literarios que se celebraron, Juan de Barrionuevo participó en el quinto y noveno.  En el folio 27 de la obra antes mencionada se recoge lo siguiente: “Fue tanto lo que compuso Juan de Barrionuevo y Moya, natural de Villanueva de Andújar, que obligó a premiarlo todo en cinco décimas con unos guantes de ámbar de a cinco dedos, que vienen muy a propósito para que cada décima calce el suyo”. 

                                              

Quando un amante ha llegado 
 a toda su perfección,
 estando en la posesión 
 de tal venturoso estado, 
 ama lo que ama el amado
 con el mismo lazo estrecho, 
 que le ciñe amor el pecho;  
 de modo que todos tres 
 uno le parece que es,  
 el que está en amor deshecho... 


En el sexto certamen fue premiado el licenciado Pedro Díaz de Rivas por unas quintillas. En el noveno consiguió el primer premio el erudito Juan de Aguilar, maestro de Antequera, que recibió un corte de tafetán realzado de colores. Juan Bautista de Mesa recibió la hechura de un San Juan de alabastro, por el soneto titulado “A la segura confianza que en Dios tuvo Santa Teresa de Jesús”.

Juan de Barrionuevo presentó el soneto “Al pasar Santa Teresa por la nobilísima ciudad de Córdoba”.


A tu tibieza Dios Marcella mía 
 arcos triunfales, fiestas sacrosantas;
 al tocar su Teresa en ti las plantas;
 Angélica previno melodía.
 Héroes summos del Impíreo envía
 a recibir lo que hoy tan dulce cantas
 mártires tuyos; que mercedes tantas
 por ti agradezcan al candor del día.
 A tanto honor de Cidros coronada
 tapiza de toronja sus laderas
 los Valles, la Morena, de avellanos.
 Saluda el Betis su deidad sagrada;
 y al pasar la besó, de sus riberas
 con labios de cristal las sacras manos.

[1] CASTILLA DE LA VEGA, G.: Proceso a los milagros de Santa Potenciana. Villanueva de Andúxar 1628. Villanueva de la Reina (Jaén), 1987.
[2] CABALLERO VENZALA, M.: Diccionario Bio-Bibliográfico del Santo Reino. Tomo I. Jaén, 1979.
[3] PAEZ DE VALENZUELA, J. : Relación breve de las fiestas que en la ciudad de Córdoba secelebraron a la beatificación de ... Teresa de Jesús. Córdoba, 1615.
Obras literarias. 

Primera parte de la “Soledad entretenida”, impresa en Écija por Luis Estupiñan a la Cinteria, en el año 1638. Consta de 233 páginas y 7 de índice[1].
Segunda parte de la “Soledad entretenida”, impresa en Valencia, en casa de los herederos de Chrisostomo García, en el año 1640. La forma 169 páginas[2].
Juan de Barrionuevo incluye en este segundo volumen  cuatro comedias en verso , que podrían calificarse de comedias hagiográficas, centrándose la argumentación en la vida del hombre, la libertad y gracia, predestinación y salvación, entre otros temas.


Las comedías tienen los siguientes títulos:

 -         El Oráculo de Bruto.
 -         El ángel cordobés y grande abad de Cabra.
 -         Los dos hijos más esclarecidos de la noble ciudad de Écija, San Pedro Abad y San Wistremundo.
 -         El santo monje cautivo.

Barrionuevo escribe con un estilo que entra dentro de las líneas del Barroco. En los diálogos y en los largos monólogos de sus personajes es notoria la magia del vocabulario y la mitología, la hipérbole en las sensaciones, la absoluta gratuidad de la fantasía, el uso del hiperbatón para conseguir mayor énfasis en la expresión y la rima.
Se atiene estrictamente a la realidad lingüística de la época. Es un autor que no busca voces estables sino términos que, una vez utilizados, los deja abandonados. Hace un retorcimiento de palabras muy singular, juega con ellas ofreciendo muchos recursos expresivos.  En la segunda parte de la “Soledad entretenida” el protagonista, Ambrosio Calisandro, le sucede todo tipo de aventuras con los mensajeros de Mahoma, en la ínsula de los morabitos, con el gran tesoro que halló en los galeones y bergantines, en el encuentro con bandoleros y como el rey de Granada le intentó prender.En el capítulo 4º del libro III de este segunda parte, se menciona a Ilituergo y a la noble ciudad de Andújar. También habla de una fiesta que se celebra en la iglesia de Santa Potenciana, a la ribera del Guadalquivir, en honor a San Bartolomé. Estos datos demuestran que en sus obras recoge datos de su localidad de origen, Villanueva de la Reina.

[1] BARRIONUEVO MOYA, J.: “Soledad entretenida en que se da noticia de la historia de Ambrosio Calisandro”. Biblioteca Nacional. Signatura R-5290.
[2] BARRIONUEVO MOYA J.:”Segunda parte de la Soledad entretenida”. Biblioteca Nacional. Signatura R-16889.

Textos de D. Manuel Rodríguez Arévalo, Investigador y paisano de Villanueva de la Reina.







viernes, 6 de junio de 2014

SIMÓN AGUADO [2.027]


Firma de Simón Aguado al final del texto de "los Negros"

SIMÓN AGUADO

Granadino: escribió con motivo de las soberbias bodas de Felipe III en Valencia, año de 1599, el lindo Entremés (inédito) del Platillo, en el cual introduce el famoso baile llamado la Chacona, descubriendo por la letra la procedencia americana de esta danza.
Compuso otros dos: El Ermitaño y Los Negros, que también se hallan inéditos. 

Entremés del Platillo, en prosa. Manuscrito autógrafo y firmado: en Granada a 16 de julio de 1602.-Biblioteca de Osuna.

Entremés de Los Negros, en prosa. Manuscrito autógrafo y firmado: en Granada a 10 de agosto de 1602. Biblioteca de Osuna.

Entremés del Ermitaño. Manuscrito. Biblioteca de Osuna.

Fin de fiesta: Remedo de los Matachines. Índice del señor Fernández-Guerra.

Querer sabiendo querer, y gran Reina de Tinacria. El Gran Capitán de España.





Tipos de discurso teatral en el Entremés de los negros de Simón Aguado

En este artículo se examina el texto de Simón Aguado a partir del modelo de análisis discursivo propuesto por Juan Villegas. Se revela el conflicto entre los amos, sus esclavos negros y sus derechos legales. Subyace al texto el debate entre los apologistas del imperio español y los planteamientos más humanos de sacerdotes y de misioneros que defendieron el derecho a la libertad de indios y de negros en la corte renacentista de Carlos V. Los personajes negros protestan por el derecho a un trato justo e, incluso, a la misma libertad. Los esclavos emplean justificaciones teológicas, filosóficas y legales para apoyar sus derechos y subvertir un orden social injusto. No obstante, puesto que la solución al problema de la esclavitud estaba lejos de resolverse, los personajes subyugados terminan por aceptar la autoridad de sus amos y por adoptar el discurso dramático del grupo dominante. Así pues el discurso de los esclavos se silencia al final de la pieza.

El valor de este entremés para nuestra época estriba en ser un documento social de la España barroca y en el discurso dramático, sorpresivamente contemporáneo, de grupos subyugados defendiendo el derecho a la libertad y a la justicia en la España imperial, mediante el discurso desplazado de misioneros y teólogos franciscanos y dominicos.






Algua 

Yo me boy tras ellos
que gusto me dan.

Yndio 

Platos de mi alma 
ya n’os beré más.

Cantan

Sepa qu’es vn tonto,
calle y ande acá.

Yndiano 

Si no fuera rico
sintiéralo más.

Cantan

Pues si aqueso tiene
que pena le da,
canaria bona fan fa la lan fa la lan. 
Y cantando y dançando
acaban el entremés.


En Granada, a 16 de julio de 1602
Simón Aguado