Los poetas Fernando Sabido Sánchez, Mariano Rivera Cross, Carlos Guerrero, Domingo Faílde y Dolors Alberola en Jerez de La Frontera (Cádiz), Primavera 2013

lunes, 7 de noviembre de 2016

ALBERTO CONEJERO [2.199]


Alberto Conejero

Alberto Conejero López (Jaén, 1978) es un dramaturgo y poeta español cuyas obras se han estrenado en Madrid, Buenos Aires, Londres, Montevideo, Moscú y Atenas.

Licenciado en Dirección de Escena y Dramaturgia por la Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid y doctor por la Universidad Complutense de Madrid es actualmente profesor de dramaturgia en la ESAD de Valladolid.

Obra

Alberto Conejero es representante de una nueva generación de dramaturgos en la que figuran Paco Bezerra, Zo Brinviyer, Carlos Contreras Elvira, Esteve Soler, María Velasco, Mar Gómez Glez o Antonio Rojano, entre otros/as.

Habitual de los escenarios alternativos de Madrid (Nave73, La pensión de pulgas), ha producido una obra que habla directamente al espectador de su identidad, de su esencia: escribir teatro es convocar el encuentro con el imaginario de los espectadores. Defensor de los derechos LGTB, la homosexualidad ha sido un tema presente el algunos de sus mejores trabajos. Es el caso de Cliff, inspirado en algunos episodios de la biografía de Montgomery Clift, pero también en su trabajo más conocido: La piedra oscura, pieza en la que aborda la persistencia del ser, tomando como marco de fondo la relación entre Federico García Lorca y el que fuera su último compañero, Rafael Rodríguez Rapún.

Es también traductor y dramaturgista de clásicos griegos y romanos (Homero, Ovidio) pasando por el Siglo de Oro, sus contemporáneos (así, de Shakespeare, Macbeth y La Tempestad) y otros autores o síntesis escénicas más actuales, como el Retablo de peregrinos, montaje creado para Las huellas de La Barraca en 2010, a partir de textos de Lorca, Valle-Inclán y Jacinto Alonso Maluenda.

Obras teatrales

Húngaros (2000)
Clift (acantilado) (2010)
Ushuaia (2013)
La extraña muerte de una cupletista contada por su perro (2014)
La piedra oscura (2014), actualmente de gira, bajo la dirección de Pablo Messiez (intérpretes: Daniel Grao, Nacho Sánchez).
Todas las noches de un día (2015)

Novela juvenil

Ha hecho incursión también en la literatura para público juvenil con El libro loco del Quijote (2005) y El beso de Aquiles (2006), publicados en la editorial SM.

Poesía

En 2016 publica su primer poemario Si descubres un incendio en la editorial La bella Varsovia.

Premios y distinciones

En 2016 en los Premios Max de teatro ha sido distinguido con el premio a mejor creación original por La piedra oscura,6 obra con la que ya se viera galardonado en 2015 con el Premio Ceres7 y en 2016 el permio José Estruch,8 además ha ganado el III Certamen de Textos Teatrales de la AAT9 por Todas las noches de un día. En 2013 recibió el premio Ricardo López de Aranda10 por su texto Ushuaia. En 2010 fue distinguido con el Premio Leopoldo Alas Mínguez de Literatura dramática por Cliff (acantilado). En 2000 recibió el Premio Nacional de Teatro Universitario por Húngaros.


Si descubres un incendio (La Bella Varsovia, 2016) 

Si descubres un incendio se abre con un hallazgo: con la promesa de un hallazgo, el del carpe diem como migas a las que atender en el camino, y con la certeza de ese fuego que recorre todos sus poemas. Alberto Conejero escribe sus poemas con la luz encendida, con la música clara y la palabra vibrante, y así traza un libro sobre el amor y el sexo, sobre el deseo y la soledad, sobre las emociones que forjan nuestra vida. Todas las trascendencias que se esconden en la rutina las desvela este libro, brillante en la intimidad, que nos descubre que el fuego del teatro de Alberto Conejero es también el incendio de sus poemas.

«Desde antes que el teatro le abriera paso, Alberto Conejero estaba con fuego en la poesía. Buscaba en las palabras el dibujo primero de su identidad. Afilaba sus aristas de hombre, sus demonios de adolescente, su retrato de distinto. Alberto Conejero se estableció en la literatura con una sed que desaloja ríos, pero en el principio fue el poema. Ahí donde todo muchacho con vocación de prender en las letras, de abrazar la combustión del idioma, sabe que puede hallar algo necesario para estrenar su aventura. El cauce donde todo es posible. Así llega Alberto a la literatura: leyendo, descubriendo, sabedor de que el asombro es la luz primera» (Antonio Lucas).




*


Ahora voy a contarte lo que el olvido alumbra.
Ahora que estás de nuevo solo, no importa en qué brazos,
y como peregrinos disciplinados marchan los días
uno tras otro a ninguna parte.


*

Suceden noches. También sucedes tú con ellas.
No hay otro cuerpo al cabo de lo oscuro.
El viento del insomnio
gira inmisericorde en remolinos
detrás de las cortinas.
Si cierras los ojos nada aparece.
Tampoco lo contrario.


*


Quizás todo adiós es festín de ceniza,
el gesto inútil de un animal que muere
y deja caer su sombra, apenas huérfana,
en el cauce apresurado
                                      del olvido.


*


¿De qué sirve ya mentirnos, sostenernos
contra qué, estorbar el olvido? Porque ahora
están aquí, atravesadas en la garganta, hueso
de la derrota: las palabras. Las que deja el amor
cuando el amor se acaba.


*


Dejaste en los techos pequeños nidos.
Como un souvenir que se compadece
-pues aún ridículo alberga el recuerdo,
y quién sabe ya qué ni por qué fuimos,
y si alguna vez de verdad nos amamos
o creímos amarnos y eso bastaba-
todas las noches los nidos cuento:
obstinada materia ya sin vida de los
días en que el amor estuvo
y nosotros con él en esta casa  



*


Y luego ya en la casa
nuestra tristeza toda,
los días que vivimos
en un rincón se ahogan.
Y ya el amor se rinde
-porque es de amor la norma-.
Fantasma de sí mismo
así nos abandona


*


Que te llamabas Juan acaso ya no importa.
Y digo "llamabas" porque obviamente no te acuerdas
                                                    
de quién soy yo ni por qué todavía.
Pero en noches como esta aún forcejeo
ridículo con nuestra historia.
(y digo "nuestra historia" por no decir "mi historia"
cuando no mejor callarme)



*


Y es verdad, demasiadas
veces demasiados cuerpos
que son naufragio,
demasiados los náufragos
que van dejando;
demasiado el engaño
demasiado el botín del desencanto,
demasiado, amigo, ya demasiado



El incendio que vive en ti

Alberto Conejero publica 'Si descubres un incendio', su primer poemario tras sus éxitos como dramaturgo con 'La piedra oscura' o 'Todas las noches de un día'

"Un país no puede tener sus cunetas llenas de muertos, hay que darles un entierro digno"

Por PEDRO DEL CORRAL

Alberto Conejero es de esos autores con el magnetismo suficiente como para reordenar las palabras cuando éstas no tienen sentido. Lo ha conseguido a lo largo de su carrera como dramaturgo, dando respuestas a hechos desconocidos y, sobre todo, haciendo las preguntas precisas para redimensionar realidades inadvertidas. 

Siempre se ha oxigenado con las letras de Lorenzo Oliván, Idea Vilariño, Homero, Gloria Fuertes o Inger Christensen, pero ahora lo hace él con Si descubres un incendio (La Bella Varsovia), un libro con el que se pone en relieve que su llama escénica se extiende también a la poesía: 

"Amo ese nosotros que convoca el teatro. Quizá en la poesía el encuentro sea más íntimo aún, un tú y yo. En ese sentido, me siento más desguarecido, más desnudo sin la intercesión de la noción de personaje". 

Aquí hay una voz desnuda buscando escucha.Si descubres un incendionace de la clausura de un amor, un encuentro con la poesía postergado desde la adolescencia y que, hasta entonces, había encontrado en el teatro su albergue. 

En este sentido, "el poemario tiene algo de expresión del desconcierto, de intento de enclavijar la estupefacción en las palabras, de confinar la combustión de ese tiempo en los versos. ¿Qué haces cuando la vida parece arder en todas direcciones?", explica Conejero. Durante años tomó un tren de madrugada para ir a sus clases de arte dramático en Valladolid y uno de esos días leyó, como por primera vez, el aviso de emergencia de Renfe: Si usted descubre un incendio... "Creo que precisamente la poesía nos permite, como decía Juarroz, ahondar en la escala de lo real, descubrir la trascendencia en los aparentemente cotidiano". De esta forma supo que había dado con el título del poemario que se estaba gestando. Por aquel entonces, vivía una situación paradójica, con un momento profesional "muy bueno", pero "muy delicado" en lo personal. 

El periodo de creación de los poemas coincide con la presentación de La piedra oscura y todo lo que ocurrió después. Para el dramaturgo, era una necesidad de guarecerse del ruido, de lo que estaba generando la obra, de los viajes, del estreno, de la prensa... De esta forma, el incendio de la vida, tal y como la conocía, le devoraba pero a la vez alumbraba otro modo de estar en los días. "Hay algo de carpe diem en el libro", comenta. Una apuesta por mirar cara a cara ese fuego. 

Por eso sus dos primeros versos son: Si descubres un incendio / no guardes la calma ni busques la salida". 

Y por eso el libro se cierra con el fuego convertido en luz: "Es como una advertencia que va mucho más allá de la pragmática de lo que propone. Tiene algo que ver con la vida".

"Yo escribo para sentirme menos solo", comenta sobre su obra, que habla de conciencia del fin de la juventud, del inicio de un etapa, de la vivencia de la pérdida, del derrumbe de algunas creencias muy firmes y qué hacer cuando sucede ese naufragio, ese incendio. En definitiva, cómo sobrevivir a ello. 

"Me gusta lo cercano de lo poético, la intimidad radical de ese encuentro, que la voz poética suceda dentro del lector", añade.

Conejero reclama así los espacios de intimidad que, a consecuencia de la crisis económica, se han ido perdiendo. 

"Necesitamos rearmarnos desde lo íntimo y lo espiritual", dice alabando a todas esas personas que, a pesar de las políticas culturales, siguen yendo al teatro, publicando libros y escuchando música. 

No se resigna, así, a la hora de confesar que el ejercicio de la cultura y su vivencia se están convirtiendo en un acto más radical cada día: 

"La poesía es un acto de resistencia contra un sistema implacable. Es en estos momentos estamos en una cadena del utilitarismo y del consumo en el que la poesía se nos hace cada vez más necesaria, como un espacio de encuentro con lo que nos hace humanos. La poesía ocupa un lugar marginal, pero dentro de ese margen tiene una potencia infinita. Precisamente por la aparente condición de prescindible se hace un acto radical".

Decía Walt Whitman que nunca hay que dejar de creer en la poesía y en las palabras, pues estas son capaces de cambiar la sociedad. Sin embargo, la duda que surge es si esta definición es aplicable también a aquellas sociedades en crisis, no sólo la económica, sino también la de valores y principios: 

"Estamos en un momento de acoso y derribo de lenguaje. La corrupción moral, política y económica trae consigo una corrupción del lenguaje. De repente, éste es desnudado de su verdad y asistimos casi a paralenguajes, a todo a una oferta de eufemismos que vienen a romper la cadena de un lenguaje que se usa, cada vez más, para ocultar realidades". 

De esta forma, Conejero entiende que la capacidad de no perder el uso y el control del mismo es la base de cualquier libertad y de los límites de nuestro imaginario. Por eso, entiende que el acoso a la filosofía o a las lenguas clásicas no sea fortuito y que haya una clara intención del sistema por hacer a la gente dócil. El objetivo: devolver a la lengua su capacidad de nombrar más allá de lo evidente. 

"Yo creo", argumenta, "en la capacidad transformadora y radical del lenguaje. Cuantas menos palabras tenemos a nuestro alcance, menos capacidad de crecer poseemos. 

El lenguaje no es algo intelectual, sino orgánico, sensorial y de libertad. Cuando nos quitan las palabras nos están quitando vida".





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