Los poetas Fernando Sabido Sánchez, Mariano Rivera Cross, Carlos Guerrero, Domingo Faílde y Dolors Alberola en Jerez de La Frontera (Cádiz), Primavera 2013

viernes, 14 de abril de 2017

ELENA MARQUÉS [2.219]


ELENA MARQUÉS 

Elena Marqués (Sevilla, 1968), correctora de textos, escritora y poeta, ha obtenido diversos premios literarios, como el «Álvaro de Tarfe» de Poesía con Lo sublime y el frío o el accésit en el IX Certamen Nacional de Poesía Rumayquiya con A lluvia perpetua, obras a la que pertenecen algunos de estos poemas. Es autora también de las novelas El último discurso del General Santibáñez, Versos perversos en la cubierta azul del Mato Grosso y El largo camino de tus piernas; y los libros de relatos La nave de los locos (VIII Premio Vivencia-Villieres) y Diversas formas de ir a la deriva.


Fue finalista del reciente Premio Pilar Fernández Labrador de Poesía. El pasado año ganó el XX Certamen de Relatos de la Fundación Gaceta de Salamanca.



LLUEVE

Tras el cristal, la lluvia.
Sus lágrimas, pequeñas,
aplauden en el círculo arcilloso
de todos los alcorques.
La línea verdinegra de los árboles
sacude hasta los niños su rocío.
Saltar sobre los charcos
no es una travesura.
La vida es ese juego de hojas blancas.




(DES)ENCUENTROS

Ayer me lo crucé. Fue una sorpresa.
Los surcos de sus ojos descendían
de un rostro conocido.
Enfurruñado el tiempo en el recuerdo,
no nos dijimos nada.
Nos dejamos pasar
como la brisa.
Dos aires que se cruzan,
dos viejos olvidados que jugaban
sobre el capó del coche
rasgando de las blancas margaritas
su piel indestructible.




SILENCIO

No hay nada que decir sobre la lluvia,
ni sobre el ojo, el barco o las colmenas.
Transita la mudez entre los tallos.
El frágil balbuceo de los hombres
se pierde en las espigas;
mis dedos descomponen cuanto tocan.
La música reemplaza a la palabra.
Hay un vacío clave en mi cabeza,
un lapso en los ventrículos,
un cauce seco al fondo de las uñas.

Torbellinos de luz desordenan el cielo.
Nada me significa.

Por qué manchar el folio y desflorarlo.




NOCTURNO

La noche encierra pájaros vacíos
en un fragor de esporas.
Es el silencio piedra donde mi grito excava
la cáscara glacial de tu retina;
es el dolor aullido de libélulas
singlando los regatos,
un miedo mineral a los cipreses
y a la ausencia de pan en el vientre de Dios.
En esta luz trizada te reclamo:
Tú, que habitas lo oscuro,
que engañas al amor con tu saliva;
que eres árido y cruel como los besos
de todos los difuntos,
tenaz como las olas que abortan sobre el páramo,
da tregua a las heridas de mi voz,
no amamantes con eco mi orfandad
y contempla,
entre jaulas y helechos,
la tormenta que acuno.



NOMBRE

Así, tu nombre roto en el mantel,
como las migas de un pan abierto
en canal y a la tarde;
su vocal ambarina lastimando,
cayendo al precipicio de las losas
como una taza más sin cumplir su promesa
de ser cuenco y ternura.




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jueves, 23 de marzo de 2017

JAVIER PUCHE [2.218]


Javier Puche

Javier (Málaga, 1974) es músico y escritor.

Tiene el Título Superior de Piano y el de Música de Cámara. Amplió su formación musical en Holanda, Portugal e Italia. Es profesor de piano clásico y moderno en la Escuela Popular de Música de Madrid. Fue crítico musical del diario La Opinión de Málaga. Compone música incidental para medios audiovisuales y artes escénicas.

Licenciado en Filología Hispánica, cursó el doctorado en Teoría de la Literatura y algunos años de Filosofía. Ha trabajado como corrector de estilo y como guionista de televisión. Imparte clases en la Escuela Contemporánea de Humanidades (www.ech.es). Sus ficciones han obtenido diversos premios y figuran en antologías como Por favor, sea breve 2 (Páginas de Espuma, 2009), Velas al viento (Cuadernos del Vigía, 2010) o Mar de pirañas (Menoscuarto, 2012). Mantiene el blog literario Puerta Falsa (http://puerta-falsa.blogspot.com.es).

Es autor de los libros Seísmos (Thule, 2011), Fuerza menor (La Isla de Siltolá, Sevilla, 2016).



Seísmos (Thule, 2011)
(Microrrelatos en 6 palabras) 



Llora en la celda el inmortal.

Desafina el coro de niños muertos.

Pulsó el botón. Ahora nunca amanece.

Murmura palabras terribles el pez abisal.

Perece el mosquito en una lágrima.

Atentos, miran los cíclopes al hipnotizador.

Hace mucho frío en esta ballena.

Titubea por un instante la eternidad.

El sol (cíclope insomne) nos vigila. 

El humo añora levemente al cigarrillo. 

Para hacer tiempo, fabrica relojes lentamente. 

Hay eclipse cuando el sol parpadea. 

La maté porque me llamó asesino. 

El dragón enamorado dice palabras ardientes. 

Desayuna recién nacidos el viejo caníbal. 

Indeciso, recorre un camaleón el arcoíris. 

El alféizar se llenó de ángeles. 

Abrazan al obeso las plantas carnívoras. 

Sueña océanos de sangre el bisturí. 

¿Podría decapitarme más deprisa, por favor?

Cayó un ángel en la telaraña.

Devora el caníbal al último hombre.

Este laberinto ni siquiera tiene baño.

Se aman con dolor los erizos.

La planta carnívora devoró al vegetariano.

Extenuados, surcan el mar los antílopes.

Se enamoró del forense el inmortal.

Flota sin rumbo el levitador muerto.

Sonámbulo, intentó acceder al útero materno.

Ronronea el diccionario ante el poeta.

Durante el eclipse, enfermó la luciérnaga.

Entró al caleidoscopio el camaleón suicida.

Intranquilo, resucitó para suicidarse otra vez.

Contempla el pirómano la capilla ardiente.

Hambriento, desviste Saturno a sus hijos.

Mi sombra flirtea con otro cuerpo.

Incómodo, el cadáver cambió de postura.

Acaricia el suicida a la anaconda.

Empezó a llover dentro del espejo.

Decapitado, sigue pensando el filósofo tenaz.

Intenta el espectro besarla mientras duerme.

Afortunadamente, perdió la cobertura el telépata.

Copularon hasta enloquecer. Tras lobotomizarlos, siguieron.

Tres tristes tigres se suicidaron alternativamente.

Sonámbulo, recorre el funambulista la telaraña.

Asoma un periscopio en mi consomé.

La mantis religiosa devora un crucifijo.

Fantasea el inmortal con su autopsia.

Aterrado, disimula el arzobispo su erección.

Avanza la marioneta por el desierto.

Por imprevista resurrección, vendo mi tumba.

Duerme el fantasma abrazado al moribundo.

Muy triste, sueña Pinocho con termitas.

Hermafrodita busca hermafrodita para engendrar hermafroditas.

En vano intentan copular los esqueletos.

Mata despacio al joven el anciano.

Fraternalmente guiña el tuerto al cíclope.

Deplora el cadáver que lo ignoren.

Ignora el difunto que debe callarse.

Caen del cielo estrellas de mar.

Expectación. Planteamiento. Nudo. Desenlace. Aplausos. Olvido.





Fuerza Menor (Isla de Siltolá, 2016)


Fuerza Menor (Micropoética)

A veces la fuerza reside en lo pequeño, en la región más discreta y marginal del mundo sensible, alojada en ínfimas criaturas que apenas reclaman nuestra atención. No en Goliat, sino en David, cuya mano lanzó la piedra mínima que hizo caer al gigante. Tampoco en el acorazado Potemkin, sino en el imperceptible caracol que baja muy despacio por el tronco de un árbol en llamas. Frente al poder insolente de lo hercúleo, vibra la fuerza menor de lo humilde, que este libro exalta con levedad.



Obstinación

–Esta vez no fallaré –se dijo con rabia el francotirador. Acto seguido, volvió a disparar su rifle de largo alcance.
Pero nada.
Definitivamente, había perdido precisión en los dedos, antaño infalibles. Volvió a intentarlo, cambiando de víctima. Fue inútil. No lograba arrebatarle la vida a nadie.
–¿Nos vamos ya? –dijo una voz lúgubre a su espalda.
Por toda respuesta, el francotirador cargó de nuevo el rifle con obstinación de sonámbulo.
–Sólo tengo que concentrarme un poco –se dijo mientras limpiaba el visor del arma. Luego apuntó con cautela. Sentada tras él, la Muerte consultó su reloj y encendió pacientemente un cigarrillo.



En los huesos

Tras probar sin éxito incontables métodos para adelgazar, Wilson, obeso mórbido, decidió adentrarse en una jungla de plantas carnívoras. Éstas lo acogieron con famélico fragor, dejando a Wilson literalmente en los huesos. Ahora es feliz. Trabaja como esqueleto en la Facultad de Medicina. Y muchas jovencitas lo contemplan con admiración (e incluso lo acarician a veces). Algunas noches Wilson sale a pasear. Le encanta la lluvia. Y bailar sutilmente en los charcos mientras todos duermen.



La memoria de cristal

Tras el Apocalipsis, un radar enviado desde Júpiter para confirmar la extinción del hombre, desciende con lentitud hacia las profundidades del Océano Pacífico, donde algo parece latir. Y es que abajo del todo, en mitad de un silencio vagamente iluminado por criaturas abisales, el único espejo que la gran explosión no ha logrado romper emite en orden cronológico, antes de apagarse para siempre, todas las imágenes que componen su memoria de cristal, demorándose en aquéllas donde aparece la mujer que lo tuvo en su alcoba hasta el fin, una joven risueña que ya no existe, aficionada a bailar desnuda ante él ciertas noches de verano, cuando todo era posible todavía en este rincón de la galaxia.



Diario ínfimo(II)

El escritor se sienta y escribe. Pero lo que finalmente escribe es siempre una sombra de lo que pretendía escribir. Por su parte, el lector se sienta y lee. Pero lo que finalmente interpreta o metaboliza es siempre una sombra de lo que el autor escribió. En cuanto a lo que el lector finalmente recuerda tiempo después, es siempre una sombra de lo leído. Una sombra de una sombra de una sombra.



Justicia poética

Diciembre. La nieve cubre las calles con lentitud minuciosa. Es casi de noche. Ya comienzan a encenderse alternativamente las ventanas. Tras una de ellas, el ínclito magistrado Goldberg lee la Constitución junto a la chimenea. A sus pies, calzados con dos ridículas pantuflas, dormita un dóberman. De súbito el can se incorpora y rompe a ladrar con insólita furia hacia la pared, sacando abruptamente al magistrado de su docto embeleso. Pero en la pared no hay nada, salvo inofensivas pinturas neoclásicas. El perro, no obstante, sigue ladrando con creciente intensidad, ahora hacia el techo. Por prevención, el magistrado –que es un hombre cobarde– saca del armario su arcabuz y empieza a cargarlo tembloroso. Pobre diablo. Ignora que nada podrá hacer contra mí, su enemigo intangible, pues soy el narrador de esta historia. Es hora de que pague por su ancestral negligencia como juez. Empezaré apagándole repentinamente el fuego de la chimenea.



Flechazo

Fue un flechazo. Yo estaba distraída, pensando lánguidamente en algo superfluo, cuando su mano comenzó a recorrer mi espalda. Me estremecí. Nadie me había acariciado antes con tanta destreza. Luego me alzó con sus fornidos brazos para olfatearme delicadamente. Reconozco que su osadía me volvió loca.
Poco faltó para que copulásemos en público. Por fortuna, logramos contenernos hasta llegar a su casa. No hubo preámbulos. Nada más entrar, me condujo al lecho y empezó a devorarme. Fueron tres horas que jamás olvidaré. Una comunión insólita que trascendía lo meramente físico. Pero la dicha fue breve.
Tras la cópula febril, me llevó a la biblioteca y, sin apenas despedirse, me puso en uno de los anaqueles, donde llevo meses esperándole, quizá años.
No me resigno: sé que volverá conmigo. Aunque deploro que Lolita y Madame Bovary (esas dos casquivanas con quienes comparto anaquel), me miren siempre con tanta sorna.



Diestro y siniestro

Esta es la historia de dos hermanos siameses, irremediablemente unidos por el costado. Diestro, el hermano bueno, ocupa la parte derecha del cuerpo doble. Siniestro, de perversa índole moral, la parte izquierda. Movido siempre por impulsos malévolos, Siniestro cometió desde niño múltiples fechorías, llegando a convertirse con el tiempo en un delincuente de renombre. Por su parte, Diestro no tuvo otro remedio que hacerse abogado, a fin de atenuar los problemas de su pérfido hermano con la justicia y garantizarle en todo momento una defensa consistente. La destreza como letrado que Diestro desplegaba ante los tribunales pronto le otorgó fama mundial. Por difícil que fuera el caso, todo delito fraterno quedaba finalmente impune. Hasta que un mal día, Siniestro intentó estrangular a Diestro con su único brazo, movido por la envidia. “Síndrome de estrés agudo”, alegó Diestro en el juicio.
De nada sirvió. Actualmente comparten celda.



La marioneta

Tras el accidente estrepitoso y fatal, la marioneta, que yacía inerte en mitad del asfalto, abrió los ojos y empezó a incorporarse con gran lentitud. Ya erguida, aunque en precario equilibrio, avanzó unos metros por la carretera, sorteando cadáveres, hasta alcanzar la mano muerta de su dueño, donde entrelazó cuidadosamente sus hilos de nylon. Acto seguido, cayó desvencijada al suelo, cerrando los ojos para siempre.



Los caramelos

Javier Puche3 En mitad de la mesa, hacinados en un cóncavo recipiente, duermen los caramelos. Su sueño es dulce y sin ronquidos. La mano que elegirá a uno de ellos todavía está lejos, ni siquiera ha entrado en la habitación, ni siquiera ha pulsado el timbre de la casa. Cuando esto suceda, cuando la mano salga al fin del bolsillo, pulse el timbre, entre en la habitación y se aproxime a la mesa, los caramelos se desprenderán de su dulce sueño agitándose levemente, y cada uno de ellos rezará esperanzado a su dios particular (de color rojo, de color verde, de color naranja) para ser el elegido y disolverse para siempre en el cielo de una boca.



El inmortal

Tras una larga búsqueda, capturaron finalmente al inmortal, que fue sometido sin dilación a toda suerte de experimentos clínicos. En la rueda de prensa, los médicos dictaminaron perplejos que nada lo distinguía fisiológicamente del hombre común, salvo su temporalidad incesante. Hoy ocupa una tenebrosa celda del zoológico municipal. Y hordas de visitantes intentan matarlo cada día con inexplicable saña. Pero el inmortal persiste. Dicen que por las noches llora muy despacio en un rincón.



La incertidumbre   
                                                                                                  
Para Javier Tomeo

En medio del Mar Negro, a cientos de kilómetros de cualquier costa, un hidropedal avanza despacio bajo la luna. Sus tripulantes, un hombre y una mujer de mediana edad, pedalean maquinalmente, pese a estar dormidos. La cabeza del hombre descansa vencida hacia atrás. Y su boca se abre hacia el cielo, como si anhelara devorar las estrellas. La cabeza de la mujer cae por el contrario hacia delante y tiene la boca cerrada. Con las ondulaciones del mar, ambas cabezas se tambalean un poco. La de él parece decir que no. La de ella, que sí. Entregados a esta inconsciente discrepancia, surcan la oscuridad. Al amanecer, el lamento de una ballena los despierta abruptamente.

Ella (desperezándose): Nos hemos dormido.
Él: Eso parece.
Ella (mirando alrededor): ¿Y qué hacemos ahora?
Él: No tengo ni idea. Quizá deberíamos seguir pedaleando.

Y eso es justamente lo que hacen: pedalear. Pedalear en silencio. Seguir navegando sin rumbo por las oscuras aguas hasta perderse de vista en el horizonte.



Tenemos que hablar

–Tenemos que hablar.

Eso dijo ella con pesadumbre. Algo aturdido, me senté en el sofá donde solíamos ignorarnos. Pero esta vez no encendimos la tele. Apenas recuerdo lo que finalmente hablamos (mi memoria tiende a suprimir las catástrofes). El caso es que ahora vivo lejos de ella, en las afueras, entregado a una existencia gélida y crepuscular.

Fantasmagórica, para ser exactos.

Al principio, achaqué mis visiones nocturnas a la añoranza (no en vano, aquellas fugaces mujeres del pasillo parecían vestir como ella). Luego, a la vertiginosa desnutrición (únicamente me alimentaba de pan seco y agua corriente). Por último, comprendí con pavor que los fantasmas no procedían de mi tristeza, sino del más allá. Lo supe por el modo en que me abrazaban. Eran almas en pena, dolientes criaturas sin tiempo, espectros quejumbrosos que paulatinamente invadían mi nueva casa en las afueras. Lo peor del asunto (y por eso estoy bajo la cama) es que ahora hay veinte o treinta reunidos en el salón, esperándome en absoluto silencio. Pude verlos hace un rato, justo antes de huir despavorido, cuando el señor del sombrero me cogió del brazo y me dijo con voz de ultratumba:

–Tenemos que hablar.



El Santo Grial

Para Ana María Shua

El héroe atravesó desiertos, laberintos, junglas. Decapitó minotauros y cíclopes. Cayó en telarañas gigantes. Trepó árboles infinitos. Hasta que finalmente, ya anciano, encontró el Santo Grial. Lo custodiaban un monje y un dragón. Si bebes de esta copa, dijo con gravedad el monje, vivirás eternamente. En el rostro decrépito del héroe se dibujó una sonrisa. Al parecer, no había sacrificado en vano su existencia, donde nunca hubo amor ni alegría, sólo búsqueda tenaz. Ahora bien, prosiguió el monje elevando la voz, vivirás eternamente, en círculo, la misma vida que tuviste. Y no otra. Aturdido, el héroe reflexionó unos instantes. Después se desplomó en el suelo como un títere, vencido por la tristeza, mientras las fauces del dragón exhalaban una carcajada de fuego.   



Rezar

Rezar en voz baja. Eso hace el paracaidista desde aquel día. Rezar en voz baja mientras el viento agita con levedad la enorme telaraña donde permanece adherido. Rezar en voz baja sus oraciones. Y no dejarse intimidar por los esqueletos que penden alrededor.



Preámbulos 

-Por favor, sea breve -dijo en sueños la bella durmiente con voz rota. A su lado, el príncipe azul ordenaba meticulosamente (atendiendo a criterios de tamaño, textura y efectividad), la sofisticada colección de artilugios sexuales que iba sacando sin prisa, uno tras otro, del crucial maletín que todas las versiones del cuento omiten.








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miércoles, 15 de marzo de 2017

FÉLIX MOYANO [2.217]



Félix Moyano Casiano 

(Peñarroya-Pueblonuevo, Córdoba, 1993), ha realizado el Grado de Filología Hispánica en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Córdoba, que terminó con la presentación de su trabajo 'Hacia una interpretación expresionista de Poeta en Nueva York de Federico García Lorca', calificado con matrícula de honor. 

En 2014 recibió una beca como estudiante de movilidad de la carrera Letras hispánicas durante un semestre en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM, Ciudad de México). Máster en literatura española e hispanoamericana, teoría de la literatura y literatura comparada en la Universidad de Salamanca, actualmente cursa el doctorado de investigación en literatura en la Universidad de Salamanca.

Félix Moyano, II Premio Valparaíso de Poesía con su libro 'Insostenible'

El joven poeta cordobés Félix Moyano Casiano ha resultado ganador del II Premio Valparaíso de Poesía con su libro 'Insostenible', que se caracteriza por su tono lírico, "conseguido gracias a un discurso apostrofado que, en virtud, de su discontinuidad, genera el efecto de la superposición de planos y simultaneísmo". Según ha informado la editorial Valparaíso en una nota, así lo ha destacado el jurado del premio, formado por Raquel Lanseros, Alí Calderón, Fernando Valverde y Javier Bozalongo --en representación de Valparaíso Ediciones--, que ha tomado su decisión por unanimidad tras la deliberación en la noche de este viernes, decantándose por "un libro vertiginoso que cuestiona el verso convencional y que sostiene su ritmo gracias a cortes versales y encabalgamientos abruptos". A esta segunda edición del Premio Valparaíso de Poesía se han presentado un total de 135 trabajos, de los cuales 13 han sido sometidos al veredicto del jurado. Valparaíso Ediciones publicará el libro ganador, 'Insostenible', en su colección de poesía. Esta editorial granadina con vocación internacional, está actualmente presente en un gran número de países de Latinoamérica, y cuenta con colecciones propias a través de Valparaíso México y Valparaíso USA. Con motivo de sus cinco años de existencia, la editorial presentará próximamente el número 100 de la Colección de poesía, manteniendo un "constante diálogo tanto con los autores más consagrados del idioma español como con jóvenes poetas que ven promocionados sus primeros libros a través de la editorial".



ARRITMIA

yo tengo un corazón que late un poco
más despacio de lo común yo tengo
horas de sueño acumuladas noches
volviendo solo a casa incertidumbre
amores imposibles desengaño
yo tengo un corazón que late como
si fueras a volver cualquier mañana
y ya la muerte no nos importase
un corazón que hospeda en su memoria
la pérdida de nombres que regresan




ACTION PAINTING

mi sangre te atraviesa muy despacio
recorre en erupción tus cavidades
te pierdes al sentir palpitaciones
nos vamos sumergiendo en los latidos
leves como metrónomos
te quedas sucia rizomática
tu rostro ya no sé
si es tu rostro o es un cuadro de pollock




PRIMERAS IMPRESIONES

la veo aparecer por el pasillo
gafas de pasta negras blusa azul
camina algo despacio decidida
hola durante un tiempo voy a ser
la sustituta soy becaria escribe
en la pizarra su correo escribo
en un papel la dirección observo
fijamente su escote me detengo
su boca paraliza el hambre
del departamento de literatura
que habita en los océanos dormidos
hoy damos la poesía de la experiencia
y termina la clase continuamos
mañana salgo el último del aula
mantengo la mirada empieza el juego
y pienso hola durante un tiempo yo
voy a ser parte de tu vida y luego
ya veremos tu fiel alumno
durante un tiempo voy a ser el otro
cómplice de estupor seré contigo

  


DESPECHO

según la rae el despecho es aspereza
es desesperación es un disgusto
desengaño el despecho es lo peor
sería mejor si su etimología
fuera la de su homógrafa
pero proviene de desprecio sabes?
creo que el despecho está infravalorado
cuando alguien lo practica manifiesta
su intención manifiesta su objetivo
hay algo de despecho en cada vínculo
siempre se manifiesta esa es su esencia
y con condescendencia lo recibes
como de un ser que es débil pero no
no es así en realidad cuando lo sientes
te das cuenta el despecho es conformismo
no el despecho es inconformista
es la naturaleza del concepto
volveremos a vernos algún día?
es probable el despecho es lo que tiene




CIRCULAR

las drogas no hacen falta para qué
si ya no hay realidad de qué escapar
VICENTE LUIS MORA

te ves tan encerrado en tu interior
que ni siquiera el tiempo se involucra
en este juego extraño que mantienen
tus yoes ficcionales en sus mentes
das pasos automáticos caminas
hacia tu habitación pero una imagen
azul insostenible fragmentada
al fondo del pasillo en el espejo
te hace pensar en qué estarás haciendo
con tu vida hacia dónde te dirige
la tarde con sus grietas
y entonces el reflejo se detiene
y piensas más despacio que en verdad
los problemas carecen de estructura
y vuelves a tu cama con tus voces
y piensas que sus máscaras producen
un grito alucinógeno impreciso
de espacios invisibles subterráneos
que forman pasadizos de interior
donde las sombras saben que es probable
que ni siquiera el tiempo se involucre


PERIFERIA

mi corazón son todos los polígonos
un sábado a las seis de la mañana
cuando está amaneciendo y los reproches
borran las huellas del deseo cuando
no estás a mi lado y son inversos
los códigos del abandono a nuestra
idea de vivir en providencia



INSOSTENIBLE

Eres lo que me mata, lo que ahoga
el pequeño ideal de ir viviendo.
EFRAÍN HUERTA


formas parte del horizonte cuando
te quedas en silencio equidistante
a cualquier gesto a todo lo que envuelve
al desamor y sus rituales formas
parte de los reflejos de los mapas
de ciudades con nombres desconocidos
formas parte también del desencanto
del sexo consentido y su mecánica

eres quien me destroza constituyes
fragmentos de la desesperación
inoportuna de las noches más
insoportables de la hostilidad
más imprecisa y de este modo incierto
en que pasan mis días y mis horas
formas parte del tiempo y del espacio
             eres insostenible







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viernes, 3 de marzo de 2017

GATA CATTANA - ANA ISABEL GARCÍA [2.216]


GATA CATTANA

Ana Isabel García, más conocida por sus nombres artísticos Gata Cattana y Ana Sforza (Córdoba, 1991 - Madrid, 2 de marzo de 2017) era una artista, rapera y poeta feminista española. Su estilo se caracterizaba por la mezcla de Rap y Flamenco.

En 2016 publicó el poemario "La escala de Mohs"4  (Homostultus Ediciones, 2016). Junto con el poemario publicó un EP titulado "Inéditas".

Gata Cattana era una de las grandes esperanzas del rap español. Semanas antes de morir tocó en la madrileña sala Sol. Dejá un disco inédito -'Banzai', producido por David Unison- que tenía prevista su publicación en la primera mitad del año 2017.


El orden de los factores

Matar al padre.
Matar al hijo.

El orden de los factores
altera el producto.

Dicen los viejos, los libros,
los filósofos..
todas las fuentes de conocimiento que conozco
dicen
que es fundamental
primero
matar al padre
y luego
matar al hijo,
si lo tuvieras.

yo he tenido muchos
muchos, tantos
que ni siquiera recuerdo
los nombres que les puse.
que ni siquiera la hora del parto,
ni la hora
de la muerte.
Tantos que
ni uno favorito,
ni mi ojito derecho,
tantos que de
tantos caínes y abeles
aquello era una guerra civil.

y yo estaba ahí,
con el rostro serio que debe tener Yahvé
viendo,
dejándolos morir...
participando activamente
en la de algunos:

-tu quoque mater mii?
-ego quoque, ego quoque hijo mío,

con mis propias manos
con el mismo puñal que a tus hermanos
hube de matarte en favor propio
y aún así
me siguen saliendo los tiranos
desde el coño a la cabeza,
de la punta de las manos a la punta
de la lengua, cada equis tiempo
y cada equis tiempo
la sangre nos riega
la casa.

Todos los psicólogos,
las bibliotecarias, los poetas,
todas las fuentes de conocimiento
que conozco
y los farmacéuticos insisten:
es fundamental
matar al padre
y luego
matar al hijo.

Pero he tenido tantos,
he sido tan madre que
apenitas tiempo para ser hija
y mi padre sigue vivo.

Pero sólo tengo uno.




La escala de Mohs

Todo el mundo se vende.
Al final.. todo el mundo.

Yo me vendí por tres milímetros
de iris azul tanzanita
en cada ojo
lo que hacen un total de seis
por dos de ancho
milímetros de iris azul radiactivo,
azul heisenberg.

No se si al diablo o a quién...
porque en Cupidos no creo,
pero cambié mis veredas libianas
y el jardín de trofeos
y mis cuevas de ego sin fondo
sin tregua ni amparo
y esta mala fe de augura
y el mañana, y el ahora...
por seis por dos milímetros de iris
de topacio azul,
de dureza ocho
en la escala de Mohs.

Y cambié mis sonrisas infalibles
hábilmente conseguidas
y las ganas de los otros
y el discurso de Gomorra
y de Artemisas en Arcadias...

En resumidas cuentas,
la heroicidad de la independencia,
la certeza de no ir viendo fantasmas
como Bécquer,
y he aquí la paradoja:
por seis por dos de pupila azul turmalina,
con algo de cobalto y de polonio,
y lo de polonio no lo digo por el color.

Al final todo el mundo...
Todo el mundo tiene un precio.

Y quién me iba a decir a mí
que después de tanto principio,
tanta ley y tanto código, tanto juez
y tanta ética, tanto farol bien tirao...
que el mío iba a ser tan minúsculo.

Yo siempre lo supe.

Desde que a Aquiles le dieron
a elegir entre la gloria o la paz,
yo ya lo sabía,
hubiera elegido lo segundo.
No soy de cantares de gesta.

Y siempre releía la historia
advirtiéndole desde mis adentros
a ver si no cometía el mismo error.
Pero nada.
Y claro,
directa al talón.

Yo hubiera elegido lo otro,
siempre se lo dije.
Hubiera muerto a los setenta
en una islita griega mirando el mar.

Al fin y al cabo la gloria no es tanto...
La gloria debe ser morirse
en una islita griega mirando el mar.

Al fin y al cabo...
¿Quién se acuerda hoy de Aquiles?
Si no es esta loca rumiante mascullando
te lo dijes.
Para eso has quedado.
Para lo que quedó Troya.

Para que venga ahora esta loca
rumiante mascullando te lo dijes
a altas horas.

Otras noches te comprendo.
Y te compadezco.
Y nos compadezco.
En cierto modo algo de razón tenías,
todo el mundo tiene un precio.

Y quién me iba a decir a mí,
quién nos iba a decir,
que el mío fuera un total
de seis por dos milímetros cuadrados
de iris tapiz de hilo persa,
azul egipcio,
Bombay Sapphire,
de dureza ocho
en la escala de Mohs.

Yo hubiera elegido lo otro,
siempre te lo dije.
Aunque en cierto modo puede
que tuvieras razón.
Quién sabe si tenías razón.



Yo no sé..

No sé si ellos podrán demostrar que no están locos.

Yo he podido derribar cada diagnóstico, cada hipótesis.
Me he estado hurgando varios años
y nada de traumas infantiles
ni patologías innatas.

Tampoco ha habido daños relevantes
ni secuelas producidas por la droga.
En teoría mis conexiones neuronales funcionan bien
y mi capacidad psicomotriz
no se ha visto afectada.

He descartado la depresión porque
uno no puede estar deprimido veintidós años
y seguir vivo, al menos yo no,
así que tal vez haya sido una muerte prematura,
o un nacimiento fantasma.

De todas formas algunas veces he visto la luz,
y los días me van cayendo mal
o bien de manera aleatoria,
no es algo perenne pero tampoco un mal de ojo,
no depende de mí...

También estuve mirando lo del síndrome de Asperger
y aunque de primeras me reconociera algunos síntomas
luego lo fui viendo más claro.

Lo mío no es falta de empatía ni de escrúpulos,
ni mi afición favorita es ir por ahí reventando
los esquemas de la gente,
bueno un poquito sí, pero no para tanto.

Si lo que yo tengo fuera eso...
ya hubiera rapado a esos hippies,
ya habría perdido la lengua,
ya me hubieran colgado en la plaza del pueblo.

Sin embargo existe un código:

Escuchas sus gilipolleces mientras asientes
y luego sonríes y dices
que respetas su punto de vista.

Su punto de vista de mierda.

Y luego ellos se van reforzados,
y continúan expandiendo su discurso
entre los tuertos y los ciegos
y éstos lo asumen con las bocas abiertas, replicantes,
sin que nadie ponga freno a esta parida global.

Y así nos va.
Asumiendo el sinsentido y el dictado
de las pautas, guardando apariencias,
dejándonos llevar por tanta tontería
y renunciando a ponernos en nuestro sitio.

A ponerles en su sitio cuando se les llena
la boca pregonando sus dogmas de mierda,
enarbolando sus ídolos de mierda,
demonizando al débil,
perdiendo los escrúpulos por guardar las formas.

Así se instaura este modelo caníbal,
así se come caliente,
así se es bienvenido.

Y si no vete a Cuba o al psiquiatra
o hazte ermitaño, pero vete,
porque corres el riesgo de ser
una muerte prematura, un nacimiento fantasma,
una baja en el registro...

Yo no sé si este mundo puede demostrar que no está loco.
Yo si.




Que no te engañen

Que no te engañen.
Vendrán, claro que vendrán,
todas las posibles alternativas
que no escogimos.

Primera del plural. Punto.

Claro que vendrán.
Harán sus apariciones estelares
en forma de oasis,
de delirium tremens
de paraíso fiscal y opulencia.

Vendrán en diversas formas
todas exquisitas, casi regaladas,
suculentas, himnóticas imágenes
de fronteras sin dios y sin orden,
todos los caminos descartados,
todos los errores no cometidos
a pedir explicaciones.

Y traerán lenguas
como sogas al pescuezo
y retórica implacable
y discursos vencedores
incitando a arrepentirse.

Jugarán fuerte.
Subirán la apuesta.


Cuando eso pase
llámame.
Doble o nada.
Nosotros ganamos.
Que no te engañen.




Demasiado para un poeta

De repente: la chica.
Sentada en el borde.
Con las manos temblorosas, con la voz,
con el foco alumbrando como si no lo notara,
con sus montones de papeles y naufragios esparcidos por el suelo...

La camisa blanca, como si fuera inocente.
Los pelos revueltos,
la mirada esquiva frente a esa masa
que tiene pinta de pedir explicaciones.

Luego mira hacia atrás como buscando el impulso,
respira, se yergue sobre sí misma
y se levanta con un gesto desafiante.

"¡Decidle! Decidle a León Felipe que yo también
me sé todos los cuentos.
Que cuatro generaciones después
nos siguen durmiendo los mismos cuentos
y entorpeciendo y atormentando los mismos cuentos.
Y que yo tampoco sé muchas cosas es verdad,
pero con tanto cuento, las pocas se me olvidan
y las que no no me dejan dormir.

La poesía es un arma cargada de miseria
que aniquila al enemigo y al que pulsa el percutor,
que erosiona despacito.

Decidle a Celaya que se explique,
que cuatro generaciones después seguimos sin saber
qué entiende él por futuro.

Y que éste arma ni aprieta ni ahoga.
Y rasca muy bien pero donde no pica.

Decidle, que ahora que nos dejan
decir que somos quien somos,
(y tampoco mucho...)
es porque no somos nadie,
porque vamos a la nada entusiasmados
y en fila de a uno.
Porque somos demasiado poco peligrosos.

Y ya de paso a Unamuno:
Que vencieron y convencieron,
y que convencieron muy bien.

Y que luego vino la paz social
que tanto esperaba,
y la calma se hizo insoportable,
y la gente por consecuencia se hizo
insoportablemente mediocre,
y la vida siguió como siguen las cosas
que no tienen mucho sentido, como decía aquel."

Se toma un respiro, bebe un sorbo de agua y se aclara la voz.
Luego se aparta el pelo de la cara y continúa diciendo:

"¡Y el pobre Neruda!
Supongo que le habrán dicho que ya cayó Stalingrado,
que algo sabrá de este tinglado y estará revolviéndose en su tumba.

Lo cierto es que pudimos escribir versos más tristes
que los suyos en noches de lascivia y Pandemónium,
en noches que no le deseo a nadie porque después de Al Alba
todas vinieron cargadas de buitres callados y oscuros presagios.

El pobre Neruda, el ingenuo Neruda.
Claro que vinieron noches más tristes y versos de hiel,
a ver que se creía, ya era hora de que se enterara.

Pero no le contéis de Stalin, no le pongáis la tele, eso no.
Eso sería demasiado cruel.
Mejor continuar el show como en la peli esa... Good Bye Lenin

Le partiríamos el corazón si descubriera cómo está
el mundo de los vivos,
de cómo la jodimos y fallamos en todo lo que se podía fallar.

Si se enterara jamás volvería a escribir un sólo poema de amor,
y todos los demás vendrían tapiados con metralla y hormigón,
ni una sola azucena, ni una sola.

Y tampoco queremos eso.
Es demasiado para un poeta."




Acerca del hembrismo y otros delirios

Yo no soy muy de verdades absolutas, ni de axiomas ni de dogmas inmutables.
Está claro que sé algunas cosas, pero son todas como yo: circunstanciales, coyunturales,
y en el mejor de los casos morirán conmigo, de manera que no puedo ofreceros una respuesta universal y válida ni prometer que no voy a pringarlo todo con mi enfoque, (que algunos tacharán de muchas cosas).


Además esto no es un panfleto, ni una llamada a la oración.
No pretendo convencer a nadie de nada puesto que va dirigido a un grupo reducido y estrictamente hermético: los que ya están convencidos.


Los que saben de dónde vienen, qué lugar ocupan dentro de todo este tinglado y han pensando alguna alternativa que rompa con los engranajes.
Los y las compañeras de lucha. De tú a tú, a pie de calle.

La vieja y la nueva izquierda. La nueva, sobre todo la nueva, mi generación. 
Los míos: con los que he salido a pegar carteles, a correr en manifestaciones, a tocar en okupas, a dormir en la universidad y en los parques.
Y las mías: las que siempre o nunca me dan la razón aunque no sepan muy bien de qué hablo.

Son sólo unos apuntes, una aclaración, un “hasta el coño”.

Verán:
Supongo que ustedes, todos ustedes, los míos, todos eruditos y estudiados,
entenderán como legítimo que un colectivo (o sector de la población) que es brutalmente oprimido y represaliado por el Estado, aplique cierta resistencia y/o en el más digno de los casos se subleve contra dicho Estado.

Partimos de esa base y de que la violencia aplicada en ambos casos no es ni siquiera comparable, en tanto que en un caso podríamos considerarlo autodefensa, mientras que en el otro caso se dispone de la violencia legítima, de la impunidad y de todos los medios para acabar con el contrario. 
(Esto no lo digo yo, lo dicen muchos autores, hasta el Locke éste que os gusta tanto...)

Bien, siguiendo con el ejemplo que os pongo:
Si aparecen unos activistas prendiendo contenedores, haciendo barricadas y tirando piedras ya sabemos que al día siguiente prácticamente todos los medios de comunicación de esté país, desde los más derechistas hasta los más progres, van a tardar poco en condenar la violencia y hablarnos de terroristas radicales.

Y esto ocurre porque el discurso neoliberal hegemónico,
que sigue creyendo en la igualdad de oportunidades, la mano invisible y todas esas chorradas,
no condena la violencia total y persistente que aplica el Estado contra las clases desfavorecidas pero sí la que aplican unos jóvenes furiosos contra el mobiliario público.
Muy lógico todo, si...

Hasta el momento no estoy contando nada que no sepáis, esto está a la orden del día y seguro que se os ocurren mil ejemplos que lo corroboran.

Sin embargo, si entendemos la cuestión como una relación oprimido – opresor en la que las fuerzas son desiguales y la trasladamos a la perspectiva de género, veremos que las cosas no están tan claras.


CASO B:

Vivimos en una sociedad machista que aplica una violencia y un control constante y total sobre un colectivo que supone aproximadamente la mitad de la población.

Esta violencia queda manifiesta en todos los medios de producción de la cultura (cine, música, literatura, publicidad..), de socialización (familia, escuela, grupos de iguales), y se encuentra implícitamente arraigada en el pensamiento social desde sus formas más sutiles hasta las más agresivas.

Yo, haciendo esta clasificación de manera totalmente personal, entiendo por formas sutiles de violencia machista el acoso callejero, la intimidación, la anulación, la burla, la publicidad sexista, 
los consejos paternalistas que te incitan a vivir con miedo, la perpetuación de los tópicos y un largo ect. Estas actitudes son comúnmente denominadas como micromachismos.

La lista de las formas agresivas de violencia desgraciadamente no es más breve.
Éstas pasan por los golpes, las violaciones, las desapariciones, el tráfico sexual o hasta los asesinatos, que sólo en nuestro país ya son más de cincuenta casos en lo que va de año.

Dicho esto, y volviendo a la cuestión inicial, podemos deducir que ante la presión que ejerce la parte opresora (que no son los hombres, sino la propia estructura patriarcal del sistema), la resistencia y la respuesta que ofrece la parte oprimida, las mujeres, es prácticamente inexistente en términos comparados.

Hay organizaciones feministas importantes, está claro. Y hasta dentro de los ámbitos institucionales se está promoviendo una falsa igualdad a golpe de decretazo.

Sin embargo la solidaridad, la comprensión y el apoyo mutuo entre las mujeres es bastante escaso por no hablar de la poca percepción que se tiene del problema.

Además, dentro de los movimientos sociales, colectivos y organizaciones que luchan por cambiar el sistema, tampoco existe una fuerte conciencia feminista que otorgue importancia a la cuestión y pretenda remediar la desigualdad existente entre las relaciones de género.
Es más , los comportamientos machistas se siguen produciendo dentro de su seno y los mismos que reivindican el fin de la explotación y la sumisión de la clase proletaria, en algunos casos, son los opresores de sus propias compañeras.

Llegados a este punto, la conclusión es clara: Lo tenemos jodido.

Los que buscan la igualdad fáctica de oportunidades entre hombres y mujeres, y una forma más limpia, justa y respetuosa para su convivencia, lo tienen jodido.

La cosa está difícil para las (y los) feministas .

(Y si a estas alturas alguien no se ha enterado aún de lo que significa el feminismo que lo busque en la Wikipedia)

Bien, pues a las dificultades a las que se enfrentan ya de entrada, hay que sumarle los reproches y censura de los propios compañeros, el silencio de las instituciones y la pasividad de la sociedad.

En este conflicto, seguimos teniendo una fuerza opresora contra una parte oprimida.
Pero si la parte oprimida muestra cierta resistencia y responde con algo de rotundidad será rápidamente condenada por la opinión pública y tachada de radical, violenta, odia-hombres, hembrista, feminazi y demás delirios.

Además en este caso no sólo son los medios oficiales los que criminalizan y atacan la acción sin tener en cuenta el contexto ni las razones por las que se produjo, si no que se trata de la opinión general: está en la derecha pero también en la izquierda, está en los hombres pero también en las mujeres, en mis propias amigas, en mi círculo de hermanos y ya resulta bastante frustrante.

No pretendo conmover ni estigmatizar a nadie, ya dije al principio que esto sólo es una aclaración.


EL HEMBRISMO NO EXISTE. Punto. No existe.
¡Ala! Ya lo he dicho. 

No existe ninguna teoría que pretenda institucionalizar una relación de superioridad de la mujer frente al hombre.
No hay ningún riesgo de violencia fáctica de las mujeres contra los hombres ni ningún plan clandestino de esterilización masiva, tranquilos.
Sólo hay frases sueltas sacadas de contexto y en cualquier caso una respuesta mínimamente agresiva ante la violencia cotidiana que aplica la parte opresora.
El término feminazi ya directamente me hace pendular entre la risa y las ganas de morirme.

Esto, reitero, no es una cuestión de mujeres contra hombres. El machismo también perjudica a los hombres en tanto que de igual modo les dicta unos roles y les obliga a cumplir unas expectativas impuestas.
Por ejemplo el típico tópico de que los hombres no han de llorar, ni mostrar miedo, debilidad u otras actitudes catalogadas públicamente como femeninas o poco varoniles.
No sé, a mí me tocaría los cojones cargar con eso.

Así que, compañeros, todos eruditos y estudiados:

Dejen de hacerle el juego al discurso dominante y dejen de señalar y criminalizar, que parecen ustedes el ABC.

No se pongan a la defensiva.
No hablen de hembrismo, hablen de feminismo.
Pero hablen de FEMINISMO con conocimiento de causa, con libros, con citas y con nombres.

Ya de paso, 
dejen de decirnos que protestemos con mesura, en bajito, 
guárdense los consejos paternalistas y el “no vayan solas por la noche”.

Estamos dispuestas a correr el riesgo.
Hemos venido para quedarnos.

Y si alguna vez negociamos un mundo nuevo,
queremos café para todos y todas,

que ya van muchos siglos fregando las tazas.




Acuoso

Le veía ir y venir por la habitación 
mientras escribía mis historias.
Le miraba de reojo.
Una coma aquí,
un punto allá.

Todo cuidadosamente medido para conmoverle.
Silencio absoluto.
Máxima concentración.

Este adjetivo le gustaría,
esa metáfora no le honra,
qué han de merecer estos poemas.

Luego otro encuentro visual fugazmente.
Dame fuego.
Y me ofrece un azul imposible,
que no hay cielo, ni mar,
ni Da Vinci que pueda pintarlo...

Me quedo de nuevo buscando el término,
hasta qué punto acuoso.
Inventaré la palabra.
Tengo que inventar ese azul.

Antes no era así.
Escribía sin bridas 
y sin duros criterios.
Me servía el lenguaje 
que ya estaba inventado.

El verde era verde,
el norte en el norte
y el sur en el sur.

Pero un día le leí una historia.
Un día le leí una historia 
que lo cambió todo.

Y por eso ahora rebusco 
y extraigo el material 
con el que escribí ese cuento.
Para darle más y más de eso
en plan Sherezade,
suplicando clemencia
una última noche.

Todo cuidadosamente medido para conmoverle.
No hay demasiado tiempo para el azar.
Mañana tal vez invente ese azul.

Tengo que inventar ese azul.




Los mapas

Malditos sean los mapas, 
las coordenadas, las carreteras
y las vías de la Renfe.

Malditas las unidades de medida:
las horas, los kilómetros, los números.

Malditas sean las comunidades autónomas,
el tendido eléctrico, 
las líneas telefónicas,
las conexiones automáticas 
y la red virtual.

¡Malditos los poetas!
¡Maldito Salinas, maldito Machado!
Y Gustavo
y Federico.

Malditas las tostadas 
con café por las mañanas.

Malditas las canciones
que me arranco, los testigos.

Malditas las camas de uno cuarenta, el alcohol y los planes a la larga.

Malditos los pensamientos impuros,
las ideas lujuriosas y la líbido.

Malditas sean también las comparaciones.
Y los dólares, la ley del suelo
y la burbuja inmobiliaria.

Malditas las parejas de la mano,
malditos los besos sin tapujos,
maldito el camino de vuelta.

Y tus ojos.

Y todas las cosas que me recuerdan que no estás.




A ti no

A ti no te escribo 
porque mis poemas
no son oraciones.

Yo no hablo de mitos
ni dioses paganos.
No canto epopeyas.

A ti no te escribo.

No se esculpe la piedra
con letra de barro.
No hace honor esta jerga
a los héroes eternos.

Ni palabra en que cupiese
la grandeza de tu alma,
y ensuciarla pretendiese
si decido, torpemente,
hacerla verbo.

A ti no te escribo.




Según

Bebo de las fuentes que me encuentro,
Me siento en el suelo.

La ropa me pesa
tres kilos de mierda.

Me meto en las conversaciones ajenas
y pido tabaco a desconocidos.

Preguntando se llega a Roma.

Como poco y rápido como un trámite.
Duermo poco y mal, como un desliz.

No me da miedo volverme a las tantas,
perder el último bus,
arrojarme a las vías.

No tengo serios transtornos.

Según el día que me cojas
más pasota o menos,
cantora o callada,
a veces sí
y a veces no,
según el día.

No obedezco a ningún credo,
ni me he construido 
una férrea moral
con valores ni malos ni buenos.

No hay dogma que me ocupe
más de un día de debate,
ni llanto que no curen 
cuatro horas de lectura.

Por norma general,
me posiciono a favor del acusado,
por norma general también,
me caen mal los abogados,
pero la defensa menos que la fiscalía.

No soy partidaria de medir
a todos con la misma vara.

No me creo una ley inmutable
comprobada científicamente.

Hay malos malísimos
que no merecen morir, como el Joker.

Hay cabrones y cabrones,
algunos me caen bien, como Sabina.

También hay genios pobres,
y poetas condenados al
ostracismo del silencio.

Vedettes en burdeles de a cuarto
y a medio siglo,
pero ya no es la época del destape,
ningún director cutrecillo vendrá
a rescatarlas, no es temporada.

El nuevo milenio 
tiembla bajo mis pies 
y al compás el metro 
los va arrastrando a todos.

A todos.

A veces el temblor es muy fuerte
y me agita, 
y me hace escupir lo aprendido
de esta mala manera.

Otras casi no lo noto
y puedo dormir.

Dormir.

Poco y rápido como un trámite.

Dormir.

A veces sí, 
y a veces no,
según el día.



Hojita de Menta

         A Anabel

Nosotras siempre hemos sido
lo que nunca seremos.

Hemos vaciado la copa
y esputado los restos,
hemos visto a la mediocridad
vestirse de hegemonía,
hemos mirado con los ojos soberbios,
perdonavidas,
y les hemos perdonado,
y es algo que jamás nos perdonarán.

Hojita de Menta, Hojita de Menta,
nos columpiamos en la ignorancia,
creímos en el conocimiento
en perjuicio del status quo,
elegimos la epopeya como Aquiles,
elegimos la manzana,
y eso es algo que jamás nos perdonarán.

Nosotras fuimos
de costumbres prehistóricas,
de leer junto al fuego
el arrabal y la vanguardia,
los textos sagrados y las fisuras,
eruditas hasta la arcada,
sabiondas, repelentes
hasta la médula.

Fuimos un mucho de puta
y un poco de monja,
demasiado humanas para endiosarnos,
demasiada idea para tan poca carne,
fuimos tan del sur que le dimos la vuelta,
fuimos tan incógnitas
que ni nosotras mismas
sabíamos muy bien y por si acaso
el revólver.

"Lo importante no es ser muy listo
sino ser buena persona",
decía mi madre y después dirías tú
más mentirosa que nunca.
Nosotras quizá no éramos tan listas
pero ni mucho menos buenas personas.
Nosotras no éramos personas
y eso es algo que jamás nos perdonarán.

Nosotras éramos los idus de marzo,
la conjura, la disidencia,
la disidencia siempre,
fuera cual fuera el autor
o el imperio,
nosotras éramos un blanco perfecto,
la plebe enardecida pedía crucificados
y ahí nosotras, veníamos a dárselos
con los brazos abiertos,
alguien tenía que profanar toda esa mierda.

No eran tiempos fáciles
para nadie,
para nosotras fue como matarnos,
como la flecha en el talón,
el comienzo del nuevo siglo
y la vuelta a la Pangea.
Los humanos se reubicaban y
corrían a por los dólares despavoridos.
Los empresarios promovían reformas laborales
y los gobiernos legalizaban la esclavitud.

Y en medio de todo esto
me dices que te vas,
y te vas,
y me dejas aquí con los planos sin acabar,
con los apuntes de filósofos
que dicen cosas de esas que te gustan,
y la palabra en la boca.
Eso es lo de menos.

Lo demás es cargar yo sola
con todas esas dudas
existenciales, tripipoéticas,estrafalarias,
y escucharte contradecirme y aconsejarme
por donde quiera que vaya, como una voz en off,
como un fantasma.

Dos locas siempre son menos locura
que una sola loca,
dos locas es algo más normal,
pero ¿Una loca sola vaciando la copa
y esputando los restos,
escuchando voces
y clamando al cielo,
leyendo a Deleuze
sin que tú me lo expliques
y mentándote por ahí
como una aparición?
Eso si que no.
Eso es algo que jamás te perdonaré.




El café y el opio

Reivindico la contradicción,
reivindico la dualidad,
el café y el opio.

Hubiera sido demasiado
fácil
encomendarme a un dogma.
Reivindico la duda y la mala cabeza,
el doble rasero
ejerzo de abogada del diablo,
no me salen las cuentas
y me las invento.

A favor del cansancio
y del descanso.
A favor de los ciclos naturales
y de la rebeldía ante los ciclos.*

En contra de la moral autoimpuesta,
de la ceguera autoimpuesta
y autocomplaciente.
En contra de la verdad y de la mentira,
en contra de valores absolutos,
a favor de la imaginación
que es un término medio.

A favor de la crueldad de los niños,
del desconcierto,
del limbo.
A dónde vamos a ir,
todos los que como yo,
ahora que el Papa
ha cerrado sus puertas.

Al infierno seguro,
no habrá amnistía
para los herejes.

A favor de lo miserable
y de lo heroico,
del carácter poco práctico
de la condición humana.

A favor de los escombros
y la muerte,
la destrucción y el nacimiento
de nuevas leyes
para incumplirlas.

Reivindico la paz
y la guerra,
la mano dura y la indulgencia,
el fuego, la rueda y la neurociencia,
el vacío y la plenitud,
las recaídas.

Reivindico el miedo
con valentía,
enarbolo banderas
a conveniencia,
me lavo las manos.

A favor del ansia
y de la prisa,
a favor de la impuntualidad,
entiendo la libertad
de otra manera.

En contra de la democracia
y la dictadura, de la anarquía
y el liderazgo, de la organización
y el desorden,
en contra y a favor
de nuestro tiempo.

Reivindico la prudencia
y el libertinaje,
lo salvaje y lo analítico
de la condición humana.
El error y la derrota,
la victoria estratégica,
los principios infranqueables
y la ambigüedad.

Todo eso traigo,
albergo multitudes,
cuántos kilos quieres,
ahora dime tú.

Háblame de tu doctrina
y de la ilegalidad
de mis palabras.

*Versos de Jesús Munárriz, "Manifiesto",  en Joven poesía española, Ed. Cátedra, 1987



El par de dos

Estoy buscándola,
la metáfora,
pero sé donde está,
sé muy bien
donde se esconde
la hija de puta.

La estoy buscando pero
no pienso ir a por ella,
que venga ella si quiere.
Que seguro que quiere.

Seguro que viene vestida
de otras a venderme motos
y becerros dorados,
a ofrecerme harenes babilónicos
y banquetes romanos
y lápida de mármol en Poblenou,
como hace siempre.

Ojalá tuviera una musa normal,
como las demás,
una belleza armónica,
un canto a la esperanza.
Pero la mía no,
la mía nunca,
la mía insurgente y talibana
de "el verso o la vida"
"el discurso o la vida"
"el partido o la vida"
que así nunca llegarás
ningún sitio,
(viva al menos)
será mejor que la mates,
me dicen todos.

¡Vaya dúo!
La escritora incendiaria
de los ojos de vengalas
y la musa de los achaques histéricos,
el par de dos,
el hambre y las ganas de comer
sin ganas.

La gente me lo murmura:
Te acabará devorando.

Y es cierto, tampoco soy ciega,
veo y asumo como me devora
paulatinamente y me dejo deshacer
en ese proceso dulce y onírico,
me dejo desaparecer bajo su mandato
y ya no sé cuando habla ella
ni cuando hablo yo,
si es que no hablamos a la vez
y nos declaramos la guerra
y recogemos las víctimas
que se quedan esparcidas
por toda mi cabeza.

Tengo que deshacerme de ella.
Lo tengo ya escrito:
"El verso o la vida"
"El verso o la vida"
Elegí la vida my darling.

Elegí la vida y también elegí el arma,
me dolerá más que a ella la pérdida.
Le acabaré construyendo un panteón en Poblenou.




Gnsis II

Ahí mismo, 
en ese escenario se gestaron las armas biológicas
y la torre de Babel y otros motines.
Y qué gustito la arrogancia, qué gustito el desafío,
el privilegio de haber inventado el pecado,
era necesario, 
era algo que había que inventar.

Moisés bajó con sus tablas 
y trajo la ley, y dos minutos,
dos minutos tardaron ellos en traer
la trampa y el estraperlo,
en idear las maneras para esquivar la represalia
que caía con todo su peso
sobre el atentado de la curiosidad.

Sólo Pandora hubiera abierto esa caja
y ella era pandorísima, 
y gustaba desatar Troyas e hipogrifos
y albergar batallas en su cuerpo,
y las cicatrices, le gustaban las cicatrices
porque siempre tuvo mala memoria.

Sólo Antígona se hubiera atrevido
a enterrar a ese muerto.
A su propia eutanasia.
Pero ella estaba en todos los entierros,
y todas las misas llevaban su nombre.
En todos los bombardeos estaba 
y todas las bombas llevaban su nombre
y las palabras de su boca, 
como octavillas desde el avión 
arengaban a los civiles
a unirse a la rebeldía.

Allá donde ella, maniobras.
Nunca descanso, nunca paz,
siempre alerta, con un ojo abierto,
el castigo divino no se puede esquivar,
sólo aplazarlo,
contar otra luna, como Sherezade,
apuntarse el tanto,
apuntarse tal vez, otra cicatriz.

Mientras tanto:
Bienvenidos Luciferes,
Magdalenas y bandidos comunes,
fundaremos el club de los perseguidos infames
celebraremos el triunfo de la comuna
seremos el “watchmen” de los desertores.

Seremos la prueba de la mala cabeza,
de esta especie de dictadura anárquica
de todos los delirios de grandeza del hombre
y esta suerte de condición vampírica.

Seremos el bufón y la vergüenza,
el pasto, del que se alimentan las vacas,
que alimentan al sirviente
del pariente del tío que escribe la historia.

Pero solo así seremos libres.

Solo así.
Seremos libres.




Diagnóstico II

Es que es así,
muy aleatorio.

Que lo mismo un día
me da por hacer escombros
de los valles perdidos
y las plantas: nucleares.

Y al otro quiero primaveras
y engendro los pétalos
y riego los campos
con semillas
de cacao
y tempus fugit.

Y al otro el diluvio
y las siete plagas,
y avalanchas en Alaska
y sequías en el cuerno
y al cuerno esta pretensión estúpida,
engreída, ésta y todas las milongas
inventadas por el hombre
y sus secuaces.

Hasta dónde va a llegar tu vanidad,
hasta qué mítines.
Cuántos más supuestos y efigies
te quedan por sacralizar hasta el vómito.
Cuántos altares me harás derribarte
y cuántas más mentiras
autocomplacientes
irás predicando
mientras se despeñan todas
desde el monte Taigeto
y yo miro de lejos.
Tan de lejos que no veo nada
más que estos cambios
que apenas se sostienen
sobre el papel.

Los otros están ahí fuera
inventando cosas, teorías y tesis
que no sirven para nada
y yo miro de lejos.

Yo sólo miro de lejos
y si acaso, me dejo caer
de cuando en cuando
algunas evidencias que tampoco
sirven para nada pero dicen:
La escritura es una labor
de pretenciosos redomados
bibliotecos y lumbreras
¡Que a dónde van profetizando qué cegueras!
qué visiones y arrebatos que se tercien.

La escritura no esculpe.
La escritura no tiene nada que hacer
 contra el granito, el hormigón y el mármol.
La historia está hecha de granito, hormigón y mármol.
Y sangre
La escritura no tiene nada que hacer
contra la sangre.

Aunque a veces lo parezca,
aunque a veces quiera parecer sangre
y regar las arterias,
y desahogar, desalojar las pérdidas
y quebrar,
quebrar el granito el hormigón y el mármol,
Papel gana a Piedra.
Ya nunca más cimientos,
ya nunca más murallas
que romper en mil pedazos.

Ya sólo yo para romperme en mil pedazos,
como si eso,
sirviera para otra cosa
que no fuera
tener
que volver
a nacer
de las cenizas.
mañana.

Mañana ya se verá
en qué páramos,
que un día de Greenpeace y otro de la OTAN,
unas con Caín y otras con Abel,
que tú mucho de esto pero poco de lo otro,
y mírate,
siempre te acabas convirtiendo
en lo que una vez odiaste,
a eso se le llama progresar.

Todos
como pollo sin cabeza
ocupando sus púlpitos,
sentando sus cátedras
y blandiendo sus escudos
se empeñan en controlarlo.

Pero es todo muy aleatorio.
Demasiado aleatorio.

No sé,
esa es mi hipótesis.




Dejá Vu

No sé en qué momento.
No sé en qué maldito momento, rectifico.

No sé en qué eje ni en qué
coordenada exacta,
ni el minuto preciso en que
el azul celeste se volvió violeta,
y compadecí a Ramsés,
y compadecí a Caín
y la justicia divina
se convirtió
en yugo.

Y ya nunca más
nuevos testamentos ni oraciones,
ni palomas de la paz
ni San Pancracios
ni siquiera Vargas Llosa.

Se desploman los mástiles
de no abanderar* se
desploman los mástiles
de no
abanderar.
Se retuerce la historia.

Y yo me sé todas las fechas,
todos los augurios de otros genios
son el mismo:

A la tercera del gallo.
A la tercera vez que cante el gallo,
me negarás, me traicionarás.

Y así los nóbeles y los ilustres
secundaron la matanza
por treinta monedas judías.

Desde la primera rueda
hasta el dron autotripulado,
los viejos sacerdotes, los mesías,
el marketing político,
y yo aquí,
entre todas las fechas,
entre todas las cifras
con nombres y apellidos
de viejos
que murmuran
sus historias
todavía con miedo.

No sé cuándo, sin embargo,
empecé a desconfiar
de los buenos buenísimos
mientras los malos malíísimos
me parecían cada vez más víctimas.
Pobre Caín y pobre Eva,
¿Dónde vas así, por muy DIOS, por la vida?

¡Ana, te va a castigar el señor!

o no se qué del Karma
o de la evolución moral
y la supremacía ética
del pacifismo y el diálogo
televisivo.

Las profecías.

Desde Casandra a Laoconte.

A la tercera del gallo.

A la tercera vez que cante el gallo:

Caballo de Troya.

* Verso de Vicente Molina Foix en "Canción de Otoño, 1975"




El ciprés y la espiga

La normalidad volvió implacable,
volvió impertinente
haciendo de los lunes lunes
y de los martes martes
de los miedos siempre
y de las noches
un anzuelo
que nunca
consigue
llegar
a tu boca.

Un anzuelo suspendido
y pendulante,
que permanece inútil
esperando humedades
y añorando Sodoma,
que recuerda otras estampas
de vaivenes desmedidos,
de tesoros encontrados
y atentados sin motivo
y delitos y secretos
y asambleas de salón
y corralito.

En otro momento
las noches fueron útiles.

Sabíamos aprovecharlas.
Sabíamos hacer Trípoli de ellas,
Pompeya, El Cairo y Mesopotamia.
Sabíamos descifrar las lenguas
e invocar conjuros, fabricar pociones
con un poco de esto
y algo de lo otro,

alterar el orden,
implicar el caos.

Nosotros sabíamos hacer
de los martes sábados
y de las horas nada,
de la capa un sayo.
Sabíamos reducirnos a escombros
y apretar el gatillo,
traspasar la carne
y prender la mecha
que encendía a las furias
y otros muchos demonios
con suma facilidad.

Nosotros, el ciprés y la espiga,
que pulsamos todos los detonadores
y desaparecimos el mundo y los ecosistemas,
y surcamos los océanos a pulmón
y a pulmón el éxtasis,
que todos los detectores de humo
saltaban a nuestro paso
y que todos los carnavales
nos resultaron tristes.

Nosotros, que hicimos
de las noches Chernóbil
y de las camas Kiev,
y de los puentes de Praga
poca cosa en comparación,
que dimos duros a tres pesetas
y pusimos la otra mejilla
delincuentemente hablando
y aún así sobrevivimos.

Teníamos todas las de perder
pero aún así seguíamos insistiendo
y salíamos impecables
y no hubo Gestapo ni Stasi,
no hubo Alcalá Meco ni Guantánamo
capaz de seguirnos el ritmo
porque cuando ellos aquí,
nosotros ya habíamos provocado
varios incendios en Groenlandia
por el efecto mariposa
y los focos se iban propagando
hasta alcanzar objetivos
y no hubo muro
que quedara en pie,
no hubo más radares a mi nombre,
no hubo más distancia que el pellejo,
no hubo más barrotes que el orgullo.

Nosotros, el ciprés y la espiga,
que surcamos infinitos a pulmón
y a pulmón Mulhacenes,
que estuvimos dispuestos a saltar
hasta el último momento,
que estuvimos a punto
de habernos matado
y aún así caímos de pie
y besamos la tierra.

Y la tierra se hizo tierra.
Y los pies como anclas.

Y los kilómetros hicieron su efecto
y volvieron las lunas
y volvieron los lunes
y las noches anzuelo
y volvió la normalidad implacable
a recordarme las ojeras
y que mañana madrugo.

Y yo volví a mis papeles,
y las palabras se las llevó el viento
y volvieron a funcionar las brújulas y los astrolabios
y los aviones siguieron su curso
y los mares volvieron a ser inabarcables
y los pulmones como charcas.

Y yo mañana madrugaré
y tendré las mismas ojeras,
y así todos los días
hasta que volvamos a hacerlo:
implicar el caos,
destapar la liebre
olvidar lo expuesto

y llenar las noches
de utilidad.




Todo lo demás, no.

Que sí, que todo eso es verdad.

Que portamos estandartes incendiarios
y discursos agresivos
y consignas de venganza
que dicen
muy poco de nosotros,
y que a veces da miedo pensarlo,
que vamos por ahí
con el ceño fruncido
y de nada nos sirve.

Que increpamos
y discrepamos de todo
cuanto se conoce,
por más lógica matemática
que me cuentes,
por más sentido común
que me vendas,
que no se consigue nada
por esas sendas que auguramos
día tras día cuando la desidia
nos infla la panza.

Que no reconocemos
autoridad ninguna
y sembramos la polémica
y todo es política
y qué pesados os ponéis con eso
y Ana hija, qué poco sabes de la vida.

Todo eso es verdad.

Que no hemos trabajado
ni un sólo día.
Lo dices como si fuera el progreso.

Lo dices como si por eso
nuestra palabra valiera la mitad
y tuviéramos que demostrar que
somos dignos del pan que comemos.

Que en qué me baso,
que la vida es así y asao
y que lo que inventamos no tiene
ni pies ni cabeza,
que los libros son muy bonitos
pero son libros
y que Ana hija,
cuándo bajarás a la tierra.

Que te crees Don-Quijota
y vas por ahí combatiendo gigantes
cuando aquí fuera sólo quedan
las ruinas de Bankia.

Todo eso es verdad.

Porque cada vez son menos
los momentos de lucidez pero todavía
los tengo.
Y también tengo altos conocimientos
en geopolítica y me sé todo el cuento,
a ver si ahora os creéis que habéis descubierto América,
que donde manda capitán no manda marinero
y todo eso.

Somos jóvenes pero no somos idiotas.

Y puede que parezca un poco de idiota
este proyecto que me encomiendo,
lo de ir por ahí huesudamente,
paupérrimamente a lomos de Rocinante
combatiendo a magnates que son peor
que cien gigantes,
que mil gigantes,
de los de antes,
de los que molaban.

Estamos luchando contra un invisible.
Estamos luchando en cada flanco,
contra todos, contra nosotros mismos
porque todo es política y qué pesados os ponéis
con el temita.

Que cualquiera nos parece
un enemigo potencial
en un entorno hostil que
nos excluye,
nos ningunea la palabra
y nos aburre.
Nos aburre mucho,
eso es lo peor.

Y por eso arengamos paridas
y tenemos este humor tan hijoputa,
porque si no dime tu a mí
cómo se aguantan los veintitrés
en esta celda,
en esta España que rezuma desvergüenza,
cómo se aguantan los debates de primates,
del y tú más, pues tú más...
Si no es blasfemando en cada flanco,
en tanta medida como nos dejan,
porque muchas veces pienso cosas
que no puedo escribir
y tengo que reírme yo sola
y la gente se cree que estoy loca.

Una loca que se ríe de cosas
que está prohibido escribir.
Esa es la España que nos calza.

Por eso nos mofamos
ahora que podemos,
y nos declaramos insumisos,
y enarbolamos un
QUE SE JODAN
tan grande que ni les cabe,
y bailamos sobre tumbas,
y vivimos en pecado
según todos los credos,
y nos gusta lo prohibido
e incluso han conseguido
que nos guste lo que somos.

Niñatos soñadores
que inventan fórmulas definitivas,
que cantan todavía insaciables
a pesar de los momentos de lucidez,
a pesar de que luchamos contra un invisible
y la tarea nos quede, probablemente,
demasiado grande.

Algunos todavía no han desertado.
Algunos todavía creen en una idea.

(Todo lo demás es estar muerto.)




Después del Big Bang

Poetas del mundo:
Sé bien que vosotros habéis naufragado otras islas, 
otros tiempos, otras visiones...
Pero también sé que tuvisteis que huir perseguidos
pòr los mismos fracasos,
por la misma desvergüenza que encorva columnas
y siega voluntades,
por la misma banalidad y brutalidad que nos arrasa,
desde el minuto uno después del Big Bang 
o después del séptimo día,
según el intérprete.
Sé bien todo eso.

Que os excluyeron,
os tomaron por intrusos
y os obligaron a mendigar
un retazo por un verso,
y por un verso la vida.
Un verso que es lo único,
la única prueba de que fuimos grandes,
siempre en tiempo pasado,
pero lo fuimos,
lo fuimos.

Y aún así 
os visteis obligados a agachar la cabeza,
a buscar un trabajo de verdad,
un trabajo de verdad 
y no esa bobería de discurso inocuo,
y no esa palabrería zángana que 
remueve la tierra sembrando
canciones de gallinas que
se rebelan 
contra granjeros,
ni qué gato tres-patas
ni qué cuento chino.

Sé bien que se burlaron, 
que os invitaron a marcharos a la cueva,
que aquí nunca tuvisteis sitio 
ni fue vuestra hora,
que os invitaron a morir en ostracismo
que os citaron en vano e incluso
manipularon vuestras palabras.

Por eso tenéis que venir cuanto antes.

Por eso mismo he venido en persona a reclutaros,
con esta arenga intempestiva que asusta,
y alzo la voz como un puño
y parece que me enfado
(y no me enfado, es que si no nunca me escucháis)

He venido a pediros que os unáis a mí
en la última gesta, la definitiva,
la nunca más,
el verso o la vida,
a invitaros a que os rebeléis contra esta
sinrazón que nos exilia,
a que os neguéis rotundamente 
al lamento improductivo 
o al silencio por el miedo.

Poetas del mundo, 
ha llegado la hora de erguirse
como un tsunami atronador
que barra las calles y surque
las cañerías y los ríos...
dejando tras de sí una prueba,
quizá la última
estela
de esperanza viva.

Ha llegado la hora 
de acabar con la poesía triste y autocompadeciente,
de lamerse las heridas y alimentar rencores,
de consejos vendo, y para mí no tengo.

Tenemos que celebrarnos.
Tenemos que salir de las cavernas
no como gazapos asustados sino 
como los héroes que fuimos.
Porque lo fuimos y el tiempo nos dará la razón.
Y porque donde hubo siempre queda.

Sé que en vosotros queda algo de inocencia,
que todavía, en ocasiones, 
cuando nadie os ve reís como niños
y os sentáis a conversar en el fuego
y os siguen sorprendiendo 
y encandilando
los astros,
y a veces,
incluso,
os habéis sentido
los más dichosos de la tierra.

Es esto lo que hay que contar.

Ha llegado la hora de engendrar 
el más alegre de los cantos
para combatir la retaguardia.
Hay que acabar con el derrotismo 
y el lamento estéril,
con el ombliguismo y el cinismo
despiadado.

Camaradas,
hay que acabar con la poesía triste definitivamente.

Aunque para ello tengáis que matarme.









Rebeca de Winter

La Dama de las Nieves,
la Diosa de la Discordia,
la Némesis moderna
y la antigua Lilith,
de todos los cargos electa
por clamor popular,
varias veces condenada a muerte
por el defensor de los derechos humanos
y fugitiva convicta,
se muestra,
quién lo diría,
débil y vulnerable,
dormida como un cachorro
en el regazo,
de nuevo en el anzuelo
de tu cama.

Debes creerte muy listo por eso.

Es como si te viera la cara a escondidas.
Como si, cuando tu te piensas que duermo
no durmiera y te vigilara
desde mis pestañas espesas, inquietas,
con la daga debajo del colchón.

Sin embargo es verdad que duermo.

Yo, la uno con seis,
la más buscada,
la Rebeca de Winter,
la siempre perfecta e incomparable
Rebeca de Winter,
la nunca difunta Rebeca de Winter,
no me acostumbro a dormir
con un ojo abierto
y en noches como esta me abandono
y me descanso en tí...
y te dejo mirar...
y te dejo mirar
e incluso acercarte
como una gacela se acerca confiada
cuando la leona duerme.

Y por eso tú te crees menos gacela
o a mí me crees menos leona
y desafías los límites de la naturaleza
y tientas..
y hurgas...
y juegas a pillar.

¡A mí! A la Sadayako,
a la segunda rueda cuadrada,
a la góndola sin remo y sin Venecia,
a la gárgola sin Démona,
a la enésima gota que colma.

Cuatro veces estratega honorífica
de mi ejército de pájaros,
delegada sindical de los poetas no leídos,
abogada de los nuncas
y alta representante de la escuela cínica,
esta vez a título propio
por el simple hecho
de que están todos muertos.

No es moco de pavo.
Me gusta la ambición y tú tal vez
seas la más ambiciosa
de las gacelas.

Y es verdad que duermo.
Que duermo profundamente
y te dejo hacer y deshacer
entre mis zarpas y tu paz herbívora,
y en cada una de éstas
te hago consorte,
rey de la selva,
y paseas por tus dominios orgulloso
y te muestras complaciente
y en ese vacío legal nos amamos
contra natura,
contra todo pronóstico,
contra toda ley que no sea
la de la jungla.

Y por eso,
por eso tú
te crees menos gacela
y a mí me crees menos leona.





Tu oficio

Tu oficio, poeta,

no es almacenar palabras
eruditas,
rimbombantes,
ornamentales.

No es disponerlas en su
orden yámbico,
en perfecto soneto gongorino,
ni siquiera clasificarlas
burdamente en función
de la terminación
y la rima.

Porque tú nunca
fuiste matemático, poeta.
Tú nunca fuiste geógrafo ni físico
y no entiendes de distancias
ni unidades de medida
y no entiendes de lógica pura
ni de leyes invictas.

Porque tú nunca
fuiste científico, poeta,
y por eso mismo
no entiendes de estadística
ni de cuántica avanzada
ni de biopolítica
y no es tu oficio
establecer las fórmulas
del cosmos.

No es tu oficio el análisis forense
por más que te empeñes
así como no lo es tampoco
el psicoanálisis ni la neurociencia.

Tu oficio, poeta,

es esculpir utopías
donde no puede haberlas.
Acabar con la ley de la gravedad
y juntar el cielo con la tierra,
el bien con el mal,
de la forma más humana
y menos despreciable
que te permita tu especie.

Tu oficio, poeta,
es dignificar la especie.
Hacer que quepa la duda,
decir: "Algunos eran buenos.
Algunos no eran prescindibles"

Que mañana,
cuando hayan pasado los siglos
se diga:

"No todos fueron Judas.
Los hubo Robin Hoodes
y Don Quijotes,
los hubo Baudelaires
y Esproncedas,
las hubo Antígonas,
las hubo Safos...
Los hubo Valle Inclanes
y Cañameros."

Que de toda nuestra obra
una parte se salve.

Que merezca la pena
el raciocinio.

Que el conocimiento no sea
una amenaza.

Tu oficio, poeta,
es dignificar la especie.
Escoger las palabras
que pondrías en tu lápida.
Decir, por ejemplo:
"No todos eran prescindibles".

Merecerte la vida
hasta tal punto,
que tu muerte parezca
una injusticia.

Y dejarte ir,
como si nada,
como todos,
(poetas o no)
hacia la larga
y aburrida
eternidad.




Con las manos

No aman de igual forma
los ricos y los pobres.

Los pobres aman con las manos.
Los pobres aman en la carne y con gula,
en las peores estampas,
en condiciones famélicas y con
todo en su contra.

Los pobres aman sin bonitos decorados.
Entienden de lunes y de tedios domingueros
y de gastos imprevistos
de facturas y de angustias
que embisten
mes a mes
a quemarropa.

El amor de los pobres
no sale por la ventana
aunque el dinero entre
por la puerta,
(que nunca entra),
(aunque no haya ventanas).

Los pobres han aprendido
a amarse a oscuras por eso mismo.
Han aprendido a amarse malalimentados
malvestidos, malqueridos,
porque el hambre agudiza el ingenio
y en sus jardines también crecen las flores
(aunque no haya jardines).

Los pobres han aprendido a aprovechar
los vis a vis, entre jornada y jornada
de trabajo,
(aunque no haya trabajo)
y saben darse placeres nunca tasados
de valor incalculable
y han aprendido a disfrutar las circunstancias
y la sopa de sobre,
el viejo colchón y la cuesta de enero.

Y parece que su amor se yergue
indestructible a pesar de,
a pesar de las miles de plagas,
de los sueños frustrados y fracasos andantes,
de las crisis cíclicas y de hambrunas y de guerras,
más valiente que Heracles,
más Odiseo que Odiseo.

Y parece que su amor se extiende y se multiplica
al ritmo que se multiplican los pobres,
al ritmo que se multiplican los infortunios
y los desastres naturales que golpean
siempre en las casas de los pobres.

Y ese amor está a la altura de Urano,
a la altura de Urano y de Gea juntos,
y es el único arma
que tienen los pobres
para defenderse.

Por eso han aprendido a cultivar flores
y a cantar bien sus penas
y han inventado las mejores obras
y los mejores instrumentos.
Por eso entienden de arte y saben
encontrarlo donde lo haya,
aunque no lo haya,
(que siempre lo hay).

Y han aprendido a aprovechar el carisma
y la jerga,
y a escribir poemas inmortales
sobre amores complicados,
y saben de cosquillas,
y saben de boleros
y saben de desnudos
y de darlo todo,
que no es más que lo puesto,
las manos y la lengua
la forma de otear al horizonte
y los cánticos en contra del patrón.

Yo siempre he amado de esta manera.

Yo te amo como aman los pobres
y me temo
que durante mucho mucho tiempo
esto
seguirá
siendo
así.



Barrabás

Y entonces Poncio Pilatos se dirigió
a la turba y volvió a preguntar:
"¿A quién queréis que os suelte entonces,
al nazareno o a Barrabás?"

¡A BARRABÁS! ¡A BARRABÁS!
¡QUEREMOS A BARRABÁS!

Y uno de entre ellos
sostenido por otros cuatro:
¡A BARRABÁS!
¡Estamos hartos de hippies cuentacuentos,
de predicar mucho a sabiendas
de que papá va a salvarte,
el templo es del pueblo,
no del Dios de los judíos!

¡Queremos volver a vender en el templo
y escupir a los leprosos!
Queremos volver a la ley del Talión,
a la vida terrestre,
porque nos queda muy lejos
el reino de los cielos.

¡Ya está bien de milongas,
de parábolas, de nuevos testamentos
y de falsos profetas!

¡Queremos a Barrabás!
¡Queremos a Barrabás y a Bárcenas,
a Botín y a Sandro Rey!

Y otro Fariseo desde un extremo
continuaba con el discurso:

¡A Barrabás, si!
Este no es más que un farsante
populista vendehumo embaucador.

¡En qué mundo se ha visto
que haya que perdonar
las deudas a los deudores
y donar las pertenencias
obtenidas honradamente en virtud
y de acuerdo a la palabra de Dios!

¡En qué mundo se ha visto
que haya que perdonar a las rameras
y las fornicadoras y dejarlas que se sienten
en la mesa frente a uno!

¡No es eso lo que dice Yahvé!

Yahvé jamás estuvo
en contra de los ricos,
por más que diga ese bohemio
crecepanes y repartepescados.

¿En qué parte dice que todos los desamparados
tengan que tener un techo?
¿Dónde pone que haya que curar
a los metecos y los forasteros,
a los bandidos y los herejes?

¡Estamos hartos de faranduleros y blasfemos
que toman la palabra de Dios para manipularla!
¡Estamos hartos de manipuladores que predican
el cambio y se inventan la historia!

¡Queremos a Barrabás!
¡Queremos a Barrabás y a Blesa!
¡Y a Sandokán, y a Millet, y a Jesús Gil!

Y mientras unos y otros alimentaban la ira,
la plebe ensordecida seguía gritando
y agitando los puños, hasta que ya casi no se entendía
nada entre el griterío y los aplausos.

Entonces Pilatos alzó las manos
y se hizo el silencio.
Y con un gesto muy sutil de pesadumbre
volvió a preguntar:
"¿Y qué queréis que haga pues
con el rey de los judíos?"

Y como en un acto solemne,
esta vez se oyeron todas las voces
como si fuera una sola,
como si lo hubieran ensayado,
apenas como un suave murmullo
que a coro susurraba:

CRUCIFICADLO.

CRUCIFICADLO.


CRUCIFICADLO.




La Satine

Pero yo nunca fui Helena.
Yo nunca fui Helena y ni siquiera Penélope.
Yo nunca fui ese tipo de princesa
que espera sentada escuchando
odas a su hermosura.

Porque yo era más la Satine,
la Agripina.
La Teodora de Bizancio que administraba
y quebraba imperios con una palabra.

Porque yo era más la Salomé
y exigía cabezas
y exigía sangre y acción
en los pactos.
exigía muestras de cosas imposibles
y ahora me traes Saturno
y mañana te pediré Júpiter.

Todo fue divertido hasta que viste
que mi guerra jamás acabaría
porque yo era la guerra y la guerra
era yo.
Porque llevaba la polémica en las raíces
y jamás me bastó
la mera existencia.

Y entonces venían los días torbellino
en los que ponía el mundo del revés
y escupía espumarajos y gritaba profecías
como Casandra en sus peores rachas.

Venían los días estándar en que
lloraba como una niña que apenas piensa
en imágenes y pataleaba
como intentando apartar semejante carga,
la nada, el sinsentido que es todo
y la responsabilidad de andar
con la cabeza erguida.

Además tu ya sabías de
mi estúpida manía de
creerme la Gorgo en Esparta,
la Cleopatra en Egipto,
y la peor de las Erinias,

la novia en la boda
y el muerto en el entierro.

Y a mí siempre me ha gustado
ir a verte con los ojos de Medusa,
con los pelos de Medusa
y el lenguaje de Medusa
a ofrecerte rituales tentadores
de pecados y manzanas
donde sólo tu sabes paliar
los días estándar,
los días torbellino,
la carga.

Donde sólo tú sabes hacerme creer
la diosa de la disputa,
la Juana más loca de todas
y la Medusa más Medusa
que jamás haya visto la historia.

Y en eso te doy la razón.

Porque yo nunca fui Helena.
Yo nunca fui Helena y ni siquiera Penélope.




La maquinaria

El pasado viernes, a eso de las 22:00 pm,
me encontré en una de esas visitas fugaces
que hago a mi pueblo, justo enfrente de mi casa,
a un chaval que estuvo en mi clase desde primero de párvulos.

Sé reconocer la derrota cuando la veo.

La derrota se me planta amenazante,
en los ojos de las cuencas de mi generación,
como haciéndome saber que mi esperanza
se despeña con ella,
que todas mis cavilaciones son en vano,
y que en este mundo parásito no cabe posibilidad
de filantropía ni redención, ni se la merece.

Se me planta, en la cara,
vestida con el ceño de algún desgraciado
que suplica consuelo,
ataviada con la voz de algún borracho
que lloriquea en la barra,
y me avisa,
de que en eso los convirtieron
y en eso me convertirá la maquinaria
que se alimenta de huesos
y de vísceras como hechas sacrificio,
que apisona y desmiembra al ritmo
de las fluctuaciones del euribor.

Este chico, el chico al que me encontré
frente a mi casa...
Me fue imposible mirarle sin sentirme culpable.

Sinceramente, yo nunca le hice ningún mal,
al contrario, de vez en cuando encontró
en mí a una compañera solidaria,
pero yo soy muy de sentirme culpable
si no denuncio la injusticia,
si me limito a no hacer nada mientras la maquinaria
nos convierte en alimañas despiadadas
que se devoran por estatus.

Y eso si que lo hice, en otras muchas ocasiones
fui cómplice y callé.
Callé cobardemente, como el que se olvida,
callé tan fuerte que aquel silencio punzante,
el pasado viernes a las 22:00pm,
se hizó como un grito esclarecedor que,
paradójicamente, me vino a enturbiar la conciencia.


Este chico, estuvo en mi clase desde párvulos
hasta segundo de secundaria, es decir,
el tiempo necesario y los años claves
para el desarrollo de una personita.

Era hijo de jornaleros
y se notaba que papá llegaba tarde
y en aquéllas condiciones
y que mamá bastante tenía con lo suyo.
Llegaba a clase siempre tarde y desaliñado,
vestido con las ropas heredadas de su hermano
que alguna vez fueron heredadas de su primo
y así sucesivamente hasta los años de la posguerra.

Los niños se reían de él y se inventaban
apodos insolentes para hacerle llorar
que siempre surtían efecto.

Luego fueron innovando en las técnicas
y comenzaron a ejercer las más crueles formas
de vejación y humillación a las que daba pie
la imaginación de las criaturitas de dios,
que no llegaban a los diez años
pero que eran tan mordaces
como la lengua de vieja.

Recuerdo sus planes tortuosos y premeditados,
las bromas hirientes,
la alevosía y la ciega obediencia al más fuerte.

Los más duros criterios darwinistas implantados
en los niños, que pese a no levantar un palmo del suelo,
ya habían sido deshumanizados, o, humanizados
(porque nosotros somos el germen),
y ya sabían destripar ranas y crujir pescuezos
y matar conejos a pedradas porque sí,
o derribar los nidos de las aves
mediante los mismos métodos y por la misma razón.

Cuando me encontré a mi compañero hecho derrota,
y me dí cuenta de las secuelas y los daños
con los años y las balas de las burlas...
No pude sentirme más que mierda.
Mierda espectadora y rezumante
de la que ahora abunda.

Desde aquellos años ese chaval nunca volvió a ser el mismo,
de hecho no sé si en algún momento llegó a ser ÉL mismo,
creo que le robaron ese derecho.

Le robaron también las ganas de vivir, como dementores,
aquellas criaturas de las que sólo cabía esperar inocencia.

Y yo me pregunto:

¿Qué si no es más cruel
que una panda de cachorros engreídos
de la especie y la epidemia
más depredadora que se ha alzado
sobre el planeta hasta la fecha?

¿Qué si no es más cruel
que encerrarlos a todos entre cuatro paredes,
seis horas al día, cinco días a la semana,
y dejar que se devoren entre ellos?

Así funciona la maquinaria
muele-esqueletos, engulle-cráneos.

Allí te enseñan a ser una alimaña
o a potenciar la que tú llevabas dentro
hasta convertirte en un auténtico HOMO SAPIENS,
digno de tu especie destroza-selvas y destripa-ranas,
roba-gallinas y pide-perdones.

Allí te dirán que la vida es lucha
y que has de estar preparado para
exterminar al enemigo hasta que no
quede ni uno.
Te dirán que eres tú o él,
que sólo hay dos clases:
comedor o comido,
vencedor o vencido,
arriba o abajo,
la superpandi o el club de los loosers.

Allí te harán un HOMBRE, si...

ALLÍ TE HARÁN UN HOMBRE.

(o una derrota)





Segunda Teogonía

El mundo no está preparado para que tú y yo
converjamos.

Ya sabes, las cosas son
como son, y están
donde deben estar.
Y luchar contra esto,
desafiar las leyes,
creerse un dios y manipular
nuestro miserable
destino de humanos,
está penado con la dureza máxima:
el castigo eterno.

En el mejor de los casos,
pasarás el resto de tu vida
convertido en araña o saltamones,
o, en Narciso si les pillas de humor.

En el peor,
te llamarán Lucifer
y te atribuirán todos los males
que se han cernido
y se cernirán
sobre el hombre
hasta el fin de los tiempos.
Angel caído, rodilla en tierra.

El mundo no está preparado.
Los dioses no están preparados
y por eso conjuran represalias
y articulan mecanismos
y distancias suficientes,
elaboran logaritmos
y fórmulas ambientales
para que,
en la misma medida que el agua
y el fuego,
nos hicieran
mutuamente excluyentes
e incompatibles.

Muy listos.
Muy inteligentes los dioses.

Hicieron caso
a las remotas profecías
de otros siglos,
que auguraban el nacimiento
del nuevo Prometeo
y la nueva Pandora,
la nueva insurrección de los Dalitas,
en pleno año dos
después del fin del mundo
según los mayas.

Ellos sabían desde el principio.

Ellos sabían
que si tu estrategia napoleónica
y mis bailes de Dalila,
llegaran a aliarse,
temblarían los cimientos del Olimpo,
engendraríamos un poder creador
a la altura de Atón,
daríamos lugar a la segunda teogonía,
a la décima cruzada,
al desguace de todos
los conceptos inventados
por la geopolítica y la catequésis.

(Ya estoy viendo
a Santa Teresa arrodillarse,
asumir el fracaso)

Piénsalo.

Te estoy hablando de un poder
capaz de restaurar la Pangea,
un poder capaz de conciliar
a Gea con Urano,
y de asesinar a Cronos.
De asesinar por fin,
definitivamente
a ese hijoputa.

Ellos lo sabían desde el principio.
Sabían que si tu ira de Laoconte,
mis formas de amazona,
y mi lengua viperina,
llegaran a encontrarse,
cabría una ínfima posibilidad
de su derrota,
que el mismísimo Ovidio
volvería de la tumba
para contar nuestra historia.

Sabían, que si tú y yo,
si tu y yo, como conjunto,
haríamos quebrar la bolsa americana
y el petrodóllar.
Y ESO SI QUE NO.

Por eso se inventaron
las fronteras y las lenguas,
y las horas y los siglos
y pusieron faraones
que nos gobernaran
y se encargaran de evitar
el desastre,
de que algún día,
por algún casual,
coincidieramos tú y yo.
Para que nunca tú y yo,
como conjunto,
para eso.

No me mires así.
Yo no lo inventé.
Esto ya estaba inventado.
Ya funcionaba así
cuando yo vine.

Y sin embargo,
aún existe una ínfima posibilidad
de hacer estallar el parnaso,
de hacerles la guerra a los dioses,
la segunda teogonía
y que pierdan.
Que pierdan estrepitosamente.

Piénsalo.

Podríamos hacerlo.
Ya lo creo que podríamos.

Aunque nos juguemos el castigo eterno,
y aunque el mundo, todavía,
no esté preparado.



Cospedales

Te vas y me aparecen Cospedales.
En serio.

Miles de ellas esparcidas por toda la ciudad,
bien repeinaditas, con falda por la rodilla
y pendientes de perla.

Y me tiro cosa de un mes
escribiendo mierda insustancial en diferido,
en forma, efectivamente de simulación
o de lo que hubiera sido en diferido,
en forma, de noticia pasajera,
de anécdota, de suceso,
de lista de la compra
y de prospecto.
En serio.

Te vas y me aparecen Gallardones
con la mueca inquisidora
y el discurso de mi abuela,
persiguiéndome los gestos,
los derechos y las metas,
señalando con el dedo
y escupiéndome por puta.

Y mientras todo esto pasa, mi amor..
mientras todo esto pasa
Rouco Varela se frota las manos.
Se frota las manos y otra cosa.

Gallardones y Roucos Varelas
se me aparecen, ¿Te lo puedes creer?
En serio, desde el púlpito,
con oscuras sotanas y cuernos y rabos,
frotándose las manos y ya sabes...
Mirándome como si fuera la eva
más impura por los siglos
de los siglos,
la Magdalena no arrepentida,
la Hipatia de Alejandría,
la Juana de Arco o la Mónica Lewinsky.

Y me parece que por todas ellas
me condenan y me parece que es justo.
Y voy a la hoguera con pasito pequeño.
Así todas las noches.

Te vas y me aparecen Montoros
y otros tipos de torturas,
y reformas laborales
y nuevas esclavitudes
y medidas necesarias
para los tiempos futuros,
que se auguran, como poco,
peores, mi amor, peores.

Te vas y toque de queda,
y ley mordaza, y nueva censura,
y me preocupa.
Me preocupa que cuando vuelvas
ya esté prohibido ser yo
y no quede ni la mitad de lo que fuera,
cuando tú estabas.

Me preocupa
que ocupen la ciudad las tropas
de Cifuentes,
y de Cospedales,
todas bien repeinaditas
con falda por la rodilla
y sus pendientes de perla.

En serio.
Y esto es lo que pasa siempre,
absolutamente todas
y cada una
de las veces
que te vas.




Caso empírico

Tú siempre estás, aunque no estés.

Aunque científicos de bata impoluta,
de gesto siniestro y mirada desierta,
hayan establecido las bases
y la impenetrabilidad de la materia.

Y ellos digan,
porque por decir que no quede...
que de repente tú y yo no podemos ser
la misma cosa,
el mismo fluir transeúnte
en el mismo tiempo
y en el mismo espacio,
el mismo ego que se abraza
a cuatro manos,
a cuatro patas,
la misma angustia que
se relame los bordes.

Y aunque digan, porque lo dicen,
que de repente ahora tengo que elegir
entre tú y yo,
entre aquí y allí,
porque la materia no puede ocupar
dos espacios simultáneamente
por el principio de exclusión y todo eso.

Y que para tres dimensiones está bien,
que qué más quiero.
A la mayoría de humanos le basta.

Pero yo, soberbia desde chica y a menudo
incauta y rechistona por espasmo,
les vine a derribar la pantomima,
sus leyes insensibles y anodinas
que a nadie consuelan,
que a nadie iluminan
con un caso irrefutable y empírico,
empiriquísimo:

Tú siempre estás, aunque no estés,
y al mismo tiempo yo también estoy aquí,
en el mismo sitio,
dejándote hacer y viceversa,
contemplando como caes sobre el papel,
cómo aterrizas,
cómo hablas por mí,
o desde mí,
o a través de mí,
hace ya que no distingo.

Hace ya que vengo desafiando
las leyes de la física y
hace ya que no me asusta.

Los científicos de batas radiactivas
sólo entienden de materias
y de fórmulas,
pero nada de este barro viscoso del nosotros,
nada de las nueve dimensiones,
donde tus moléculas, tus átomos,
pudieran ser los míos, pudieran confundirse,
como una frontera sin vallas,
o, con vallas, pero sin cuchillas.

Los científicos sólo quieren papeles
y casos empíricos.

Por eso vine yo,
y por eso viniste tú conmigo
aunque no vinieras.

Para demostrarle al mundo
que se puede estar, aunque no se esté.




Rudimentos

De pequeña recuerdo que tenía miedo a la oscuridad.

Y es un recuerdo muy vago y muy lejano porque
los adultos somos así, olvidamos a las primeras de cambio
los pavores inservibles y a otra cosa.
Digamos que somos de problemática pragmática
e imaginación de subsistencia, rudimentaria.

Pero.. pensándolo bien, rebuscando...
No recuerdo ningún otro problema de adulta
que me haya causado más imsomnios,
angustias y llantos ahogados...

Era meterme en la cama, apagar la luz
 y caer en el más absoluto desamparo,
sumirme en un limbo viscoso de sombras
y no-natos pendulantes,
habitado por los peores demonios
y los monstruos imposibles,
bien alimentados,
que sabían mi nombre
y pellizcaban con los ojos y colgaban
amenazas en espejos y payasos de porcelana.

Así cogí la costumbre de dormir con la cara tapada
y con la espalda en la pared.
La idea de que me cogieran por la espalda
me aterraba.

La idea de salir de la cama
estaba descartada de antemano,
porque debajo aparecían lagunas y magmas
de raros colores, poco apetecibles.

Y en el pasillo Verónica- Verónica...
Y en el baño otra vez ese señor con barba,
con una cicatriz en la cara, mirándome
desde el espejo entre las velas,
como en una extraña ceremonia
para la que me estaban esperando.

Y lo peor no eran las imágenes, las visiones.
Lo peor eran las voces.
Las voces alegres, las risas,
en mitad de semejante espectáculo siniestro,
los chillidos ausentes de los que vivían allí,
si es que alguien, por muy monstruo tres cabezas,
pudiera llegar a vivir allí.

Horrible. Horrible.
Sin Dios.
Sin sentido.
Como en un cuadro de El Bosco.

De ahí cogí la manía de dormir con la puerta cerrada.
Si la dejaba abierta tenía la opción de huir
en caso de ataque repentino,
pero ya saben, el miedo paraliza.

La  puerta abierta siempre daba pie
a figuras sospechosas,
destellos fantasmagóricos y cosas
que cambiaban de sitio.

La puerta abierta daba al pasillo
de los mil posibles,
de mis peores egos convertidos
en perritos y gatitos de peluche,
mirando con sus ojos disecados
desde el estante,
debajo del crucifijo y justo
al lado de la niña de The Ring.

Así que la cerraba y la manta hasta arriba.

De ahí aprendí a convivir con los peores espectros,
con una imaginación extremadamente avanzada
de precisión láser, casi alienígena,
y a entablar conversación con Quasimodos
y otros seres realmente ruines.

La otra noche lo estuve pensando...

Hace siglos que no me visitan.

Le estuve dando vueltas...
En qué punto del trayecto se me perdió
este universo.

Me dió pena verme adulta,
así, de repente,
a la caverna de la imaginación rudimentaria.

Y claro, sólo pude darle dos respuestas lógicas
a mi pérdida:

La certeza de que una lamparita bastaba
para matar a esos bichos.

Y la certeza de que los peores bichos
actúan sin piedad y a plena luz del día.





A Madrid.

Este domingo de reconciliación y desagüe,
de desarme,
esta tregua momentánea de recuento
y disuasión...

que no sirva de precedente.

Es verdad que estabas
más guapa que nunca,
con tu tráfico, tus lucecitas de navidad
encendidas desde agosto,
tu amanecer
tremendamente adictivo
por su naranja
y la contaminación.
Te sienta bien la contaminación,
esa mañana te sentaba bien,
filtraba la luz como el papel cebolla
y ese amarillento nublado
también resaltaba
el azul de mis ojos.

 Tus mañanas son como las mías,
con ese rastro de pintura negra en el contorno
y ese violeta de temprano, de ojeras,
por las secuelas de la noche
ajetreada.

¿Soy yo la que se parece a ti o eres tú,
que me has estado tentando hasta convertirme
en lo que tú querías?
 Este saco de ojeras y de huesos
que vaga por tus cloacas esperando
que te dé por sacarme de ahí y
me pagues lo que me debes.

Se nota que no tienes ni puta idea
de donde vengo ,
se nota que no sabías quien era
hasta que me tragiste a tus cloacas,
si lo supieras
me habrías puesto en otro sitio.

Pero da igual.
Porque mi excentricidad era inapreciable
al lado de la tuya,
mi soberbia era una canica
al lado de la tuya,
y por eso siempre me sentí
cómoda bajo tu látigo,
porque mi locura y mi crueldad
pasaban desapercibidas
y en comparación
aquí yo era David
y tu Calígula.

Eres tan cínica,
eres tan jodidamente cínica
hija de puta que pareces el mismo Dios
te crees el mismo Dios verdad?
Pues he venido a darte de tu propia medicina.
Te crees que tu administras
y repartes, y partes la pana
pero se nota que no tenías ni idea
de quien era yo antes de traerme,
y eres tú la que se parece a mí,
la que ya quisieras parecerte
un poco a mí,
ya quisieras.

 Este domingo has estado muy cerca.
 Pero eso.

Que no sirva de precedente.




IV

Tú te has empeñado en buscarme
sin bombonas, a pulmón,
agua adentro una y otra,
día tras día y ni rastro..

Primero en el muelle,
con caña vulgar y paciencia
mucha paciencia,
y luego las redes, los barcos
y otros métodos sofisticados
que fuiste escogiendo
según los fracasos

y así uno por uno,
todos los charcos
las aguas pantanosas y los mares
que fueron allanados
en mi busca
te parecieron insuficientes
y seguías queriendo más,
sin importar las pérdidas
y las bajas.

-y da igual por más velero
o por más yate
que intentaras,
por más técnica avanzada:
yo nunca fui pez de orilla.

Hubieras necesitado un leviatán.




N18

Ellos pasan por el Puente de los Franceses
igual que por Atocha,
van al manzanares,
patinan, ríen, cantan, fuman,
vuelven a su hogar
transeúntes, subterráneos,
tal vez en la línea verde o la marrón.

Yo paso por Cuatro Vientos
y sólo veo el frente,
el Puente de los Franceses,
mamita mía y los milicianos.
Tal vez yo también vuelva a mi hogar,
si lo tuviera,
 antes de que el metro abra
y bajaré hasta Cibeles
para coger el N18 hasta Casa de Campo.

Ellos no lo saben,
en la Casa de Campo, mamita mía,
montamos un muro.

Yo miro al Manzanares
con ojos de Vicente Rojo
y al metro como
refugio antiaéreo.

No veo al Ateneo como una reliquia,
aún no he enterrado a mis muertos,
cuando paso por ventas
siempre me acuerdo de Victoria Kent.

Y así siempre en las travesías,
voy a Valencia y veo las colas zarpando al exilio
y los cuadros del Prado.
Muchas veces he estado en Plaza Cataluña
y nunca pienso en el Hard Rock Café
ni en las floristerías
sino en la Telefónica
y en García Oliver.

Ellos no lo saben, mamita mía,
bailan, juegan, hacen turismo
los hijos del siglo XXI
sobre la última capa de tierra
del castillo de Montjuic,
velan a sus muertos
en el Cementerio del Este,
que ahora es mucho más grande que entonces,
y pasean por las calles céntricas
mientras yo me disuelvo en ellas
y me vuelvo invisible
como Federico Sánchez.

Cuando me ves ahí,
entre ellos,
disfrutando el atardecer, aparentemente,
con la mirada perdida entre el Manzanares
y mis papeles, no estoy pintando un cuadro,
estoy trazando planos y vendettas,
apurando los últimos minutos como Miaja,
cubriendo puntos débiles y anotando bajas.

Ellos no lo saben: cuarenta años de paz
no son nada,
pero hay quien tiene memoria de elefante.

Yo lo intuyo,
las tragedias se repiten,
las tragedias se repiten como tragedias,
por eso, cada vez que paso
por el Puente de los Franceses

me pongo triste.





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